Cesar E. Arroyo

                   Bibliografía de César E. Arroyo:


191?        Césare Arroyo (sic): Retablo. Figuras, evocaciones, escenas… [Madrid, Bibl.         Ariel, 191.] 18×12. 221 pgs.  

¿?        César E. Arroyo: Manuel Ugarte (La Argentina y él El Apóstol de                         Hispanoamerica etc) Librería Jiménez  

1930    César E. Arroyo: Lorenzo Cilda, una bellísima novela ecuatoriana por Víctor                 M. Rendón [Paris, Ed. du Livre Libre, 1930] 30 pp. 2 láms.  

1930    Cesar E. Arroyo: Galdos [Madrid, Edit.Sociedad General Española De                     Librería/Impr. Industrial, 1930] 104 pp. 2000Ptas  Librería Gibbon  19×13.  

1936    César E. Arroyo: Ensayo sobre Lope de Vega [Ecuador, Tall. Gr. Nacionales,             1936] 42pp. 20 x 15cm. Asilo del Libro 1500ESP     



                       Bibliografía general:

Héctor Perea: La rueda del tiempo. Mexicanos en España [México, Ed. Cal y Arena, col. «Los Libros de la Condesa», 1996. 510 pp.]             

   Resumen de su tesis Presencia de México y de los intelectuales mexicanos en España,             1914-1936 [defendida en la Facultad de Ciencias de la Información de     Madrid].                 Dos tomos. Verla porque tiene apéndice hemerográfico. 

   Puedo consultarla en el Pabellón de Gobierno de la Universidad Complutense [c/ Isaac             Peral, s/n]. Previo aviso a Internet [Solicitud de consulta de tesis inéditas del Archivo de         la biblioteca]                 www.ucm.es

Gabriel Rosenzweig: Autores mexicanos publicados en España (1879-1936) [México, Secretaria de Relaciones Exteriores, 1992].

Héctor Perea: «Amado Nervo en el corazón de dos exilios» [Universidad de México, no. 457, febrero 1989, pp. 33-34]. 

Isaac J. Barrera: Historia de la literatura ecuatoriana [Quito, Libresa, 1979]. 
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   MODERNOS POETAS MEXICANOS [1918-1920] 
   César E. Arroyo [1890-1937]

   Edición, introducción y notas de Emilio Quintana


               TEXTOS

   1. Julio 1918, 62-83.         «Manuel Gutiérrez Nájera». «Justo Sierra». «Salvador                                     Díaz Mirón». «Luis G. Urbina». 

   2. Agosto 1918, 98-105.        «Francisco A. de Icaza». «Jesús E. Valenzuela». 

   3. Septiembre 1918, 45-53.    «Amado Nervo».  

   4. Octubre 1918, 113-117.     «Manuel José Othón».  

   5. Diciembre 1918, 125-132.    «Efrén Rebolledo».

   6. Marzo 1919, 89-94.         «José Juan Tablada».

   7. Julio, 1919, 84-88.         «Rubén M. Campos».

   8. Agosto, 1919, 103-113.     «La nueva poesía en América. La evolución de un gran                                     poeta». 

   9. Enero 1920, 86-96.        «Enrique González Martínez»

   10. Noviembre 1920, 75-81.    «Lázaro P. Feel».

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Si lo editamos es por lo que tiene de testimonio personal. El mismo lo dice al hablar de Amado Nervo.
En este libro proyectado y no publicado encontramos materiales de considerable valor testimonial, desconocidos hasta hoy por estar en las páginas de una revista. 

    
   


INDICE:

Ilustración de su cara.
1. Introducción.
   – César E. Arroyo. Datos biográficos.
   – El viaje a México con Villaespesa [1917]
   – «Modernos poetas mexicanos» en la revista Cervantes. 
2. Bibliografía.
   –     De César E. Arroyo. 
       Artículos en Cervantes.
   – Sobre Arroyo, etc.
   – Nota bibliográfica de MPM.
3. Texto anotado [con una buena introducción no necesitamos muchas notas]
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1. INTRODUCCIÓN

               VIDA Y OBRA.

César E. Arroyo nació en Quito [Ecuador] en 1890 y murió en Madrid en 1937. Pasó su primera juventud en Quito donde se hizo amigo de Gonzalo Zaldumbide, otro escritor ecuatoriano que residió en Europa, según este último cuenta en el prólogo -fechado en París en 1921- al libro de Arroyo Retablo. Figuras, evocaciones, escenas… [Madrid, Biblioteca Ariel, s. f., pero 1921]. Según Zaldumbide, su gran ilusión fue siempre la de venir a España (1921, VIII): 

   «Su culto a España no se ha desmentido. De sus ilusiones, ninguna fue mayor que la de venir a España. Gobiernos paternales, como son los nuestros a menudo, le     dieron modo de realizarlo».  

Arroyo vino finalmente a España patrocinado de alguna forma por el Gobierno de Ecuador en 1912, con apenas 22 años. En «Manuel Ugarte en Madrid» (abril 1919) escribe:

   «En el referido año de 1912, tuvimos el honor de ser compañeros de viaje de D. Manuel Ugarte, a bordo del vapor Buenos Aires, en la corta travesía de Colón a La Guayra. Luego él siguió su gira por la América del Sur, y nosotros tomamos rumbo a España».

Arroyo se dirigió en principio a Cádiz, para participar en los actos del Centenario de las Cortes doceañistas. En «Francisco A. de Icaza» (agosto 1918) leemos:

   «Conocimos a Francisco A. de Icaza, en Cádiz, en medio de los esplendores del Centenario de las Cortes doceañistas. D. Justo Sierra, designado Embajador de México para esas fiestas, había muerto en Madrid, pocos días antes de esa solemnidad. Entonces, la cancillería mexicana dispuso que Icaza, que a la sazón estaba de Ministro     
   Plenipotenciario en Berlín, sustituyera, en esa Embajada, al gran viejo desaparecido».

Entre 1912 y 1916 debió desempeñar el puesto de cónsul del Ecuador en Vigo. En «Ante el sepulcro de Concepción Arenal» (octubre 1916) evoca la figura humana e intelectual de «la egregia escritora y penalista» gallega a raíz de una visita al cementerio de Vigo el 2 de noviembre de 1915. Aquí demuestra conocer bien el alma gallega y a sus figuras intelectuales. Pero un poco después parece que fue promovido a cónsul general en Madrid. En la primavera de 1916 ya se encontraba
participando en las actividades del Centro de Cultura Hispanoamericana, donde conoció a Luis G. Urbina, con quien mantuvo una estrecha amistad a partir de 1916:

   «Allí [a su casa de la calle del Pez, 1916] le íbamos a visitar con mucha frecuencia, recreándonos con su charla deliciosa, provechosa, llena de la ciencia de la vida y de los libros. Muchas noches de luna y de ensueño vagamos juntos por las intrincadas calles de esta Villa y Corte; y era de ver cómo florecía en poesía y en amor esa alma de privilegio y de selección. En varias ocasiones memorables nos encontramos también reunidos: con él y con Villaespesa fuimos a la casa de Felipe Trigo, el día en que se suicidó el famoso novelista; con él y con Nervo fuimos al Ateneo de Madrid la noche memorable en que habló     a España Mauricio Maeterlinck». 

En efecto, la visita a la casa del novelista suicidado la cuenta en «Epílogo de un novelista célebre (En el cuarto aniversario de la muerte de Felipe Trigo)» (septiembre 1920):

   «Nunca se borrará de nuestra mente el cálido recuerdo de aquella ardorosa tarde del 2 de     septiembre de 1916. El día anterior habíamos llegado de Vigo y descansando de las fatigas     del viaje, nos hallábamos en nuestra casa de Madrid, cundo recibimos un aviso telefónico     de Villaespesa, llamándonos con gran urgencia; pero sin decirnos para qué. Salimos     inmediatamente en busca del poeta que, a la sazón, vivía en un hotel de la calle de     Carretas».

Y el 9 de diciembre de 1916 acudió -acompañado por Luis G. Urbina y Amado Nervo- a la intervención del escritor belga Maurice Maeterlinck en el Ateneo de Madrid -cf. «Al margen de la epopeya. Maeterlinck en España» (junio 1917). 

A pesar de ello, al final de su «apunte dramático» «El caballero, la muerte y el diablo. Apunte dramático» (septiembre 1917) se dice que es «cónsul del Ecuador en Vigo».

En todo caso, parece falso que, como dice Juan Manuel Bonet (1995, 65): «Entre 1914 y 1922 residió en Madrid». 

En «Amado Nervo» (septiembre 1918) ha dicho de sí mismo: 

   «El que estas líneas escribe, que no es un crítico, ni un literato, ni nada… sino un pobre     hombre inquieto que ha tenido la suerte de ver de cerca a alguna de las grandes figuras de     la actual literatura hispano-americana, sólo aspira a transmitir ligeras impresiones     personales de hombres que trató, de cosas que vio, de libros que leyó…».


           

           












JUVENTUD HISPANOAMERICANA

Una de las grandes preocupaciones de Arroyo fue siempre la de la fraternidad hispanoamericana, considerando incluso la posibilidad de una unión política iberoamericana. Usó la revista CERVANTES con este propósito y participó en la organización de congresos de juventudes y organismos intelectuales: los jóvenes y los intelectuales eran la fuerza en la que se confiaba para estrechar lazos entre América y España. También le preocupaba la existencia de una literatura hispanoamericana autóctona, que reflejara la realidad diversa de América. De ahí su saludo alborozado de las primeras muestras de una nueva literatura indigenista [Arguedas, por ejemplo].

Arroyo entra en la «Juventud Hispanoamericana» al poco de su fundación. Américus -es decir, él mismo- da cuenta de su entrada -como Vicepresidente de la Sección de Propaganda y Publicidad- en una reunión celebrada en el Ateneo bajo la presidencia de Cristóbal de Castro (octubre 1918): 

   «Ha entrado a formar parte de la Juventud, como Vicepresidente de la Sección de     Propaganda y Publicidad, D. César E. Arroyo, Director de la sección americana de esta     Revista». 

En el otoño de 1918 fue elegido vocal de la Junta Directiva de la Asociación de la Juventud Hispanoamericana. Propuso la celebración en Madrid de un Congreso de Estudiantes Hispanoamericanos (diciembre 1918):

   «D. César E. Arroyo, cónsul del Ecuador en Madrid, una de los directores de esta revista,     nombrado recientemente vocal de la Junta Directiva, propuso, y fue aprobado por     unanimidad, que en fecha oportuna se celebrase en esta Corte un Congreso de estudiantes     hispanoameriocanos, en el cual tuvieran representación todos los centros docentes de     España y América».

En esa asamblea entró una buena cantidad de escritores relacionados con CERVANTES. Poco después, se reune otra vez la «Juventud Hispanoamericana» con objeto de constituir el Consejo de Administración que la ha de regir y proceder a la elección de las secciones del Comité de Trabajos (Américus, enero 1919). Américus -en su nota hispanoamericana «Congreso de «Boy-Scouts» y Juventudes hispanoamericanas» (abril 1919)- habla de una reunión de la «Juventud Hispanoamericana» en abril de 1919 en la que se decide celebrar en la primavera de 1920 un Congreso de Juventudes Hispanoameriacanas. 

En «España y América. El próximo Congreso de Juventudes Hispano-americanas» (noviembre 1919) Arroyo da cuenta de las características del próximo congreso:  

   «La Juventud Hispanoamericana, esta gran asociación integrada por elementos que     significan inteligencia, cultura, fuerza, vitalidad y savia nueva de la raza, ha organizado y     se apresta a realizar, en la primavera del próximo año de 1920, un solemne acto de     afirmación histórica y de confraternidad internacional, cuyos resultados, de inmedible     alcance, serán decisivamente benéficos en las relaciones futuras de los pueblos de origen     hispánico: va a reunir en la casa solariega de Castilla una magna asamblea a la que     concurrirán, llenos de amor y fe, de anhelos de enaltecimiento y de gloria, representantes     de las juventudes, es decir, del porvenir de todos los pueblos que hablan español.
   La idea de reunir en Madrid un Congreso de Juventudes hispanoamericanas, no podía     haber surgido más oportunamente en esta hora vital en que la Paz abre una nueva era en     los destinos del mundo».

Arroyo va desgranando los diferentes pormenores del congreso: clases de congresistas, sesiones, secciones, organización de los trabajos, fiestas y excursiones:  

   «La Comisión de Honor está presidida por el Monarca. Vicepresidentes son: SS. AA. RR. el     Príncipe de Asturias y los Infantes Don Carlos de Borbón y Don Fernando de Baviera.     Miembros, son los Consejeros de la Corona, los Embajadores y Ministros de las naciones     americanas, los Rectores de las Universidades españolas y las principales autoridades del     Reino».

Termina:

   «… se puede asegurar que éste [el Congreso de Juventudes Hispano-americanas],     revistiendo los caracteres de un magno acontecimiento, señalará el paso decisivo hacia la     realización del supremo anhelo de nuestra raza: la confederación espiritual de     
   Hispanoamérica».  

Sobre el «I Congreso de Juventudes Hispanoamericanas» ha escrito José-Carlos Mainer (1988, 114):

   «La idea fue de Rodrigo Zárate, capitán del ejército peruano, y en su realización     intervinieron entidades muy diversas. Correspondió al rey la presidencia honoraria y la     organización al inevitable Duque de Veragua en su condición de descendiente del     Descubridor; la comisión que éste presidía reunió nombres muy dispares: prestigiosos     artísticos tradicionales como Benlliure, nobles ilustrados como el de Alba, políticos como Gabriel Maura y educadores como Altamira y Alberto Jiménez Fraud».

           *    *    *    *

Tras la desaparición de CERVANTES, Arroyo residió algún tiempo en París, de agregado a la Legación. Después fue cónsul en Santander y director de una biblioteca de autores americanos para la editorial Calleja de Madrid. Según Bonet (1995, 65):

   «En 1922 regresó a Quito, donde pronunció una conferencia sobre el ultraísmo y     el     creacionismo, publicada al año siguiente en la Revista de la Sociedad Jurídico-Literaria y     decisiva para la evolución hacia la vanguardia de una serie de poetas jóvenes de aquella     ciudad, entre ellos su amigo Carrera Andrade. Posteriormente fue cónsul ecuatoriano en     Cádiz, donde contrajo matrimonio, y en Marsella. Tras una nueva etapa en Quito ya a     comienzos de los años treinta, regresó a España, donde falleció. Su libro más conocido es     Catedrales de Francia [Quito, Imprenta Nacional, 1933]».  

Durante su período como co-director de CERVANTES Arroyo se había impregnado del ultraísmo, aunque al principio no llegara a comprenderlo del todo. J. Rivas Panedas, en «Protesto en nombre de ULTRA» (septiembre 1919), se lo reprocha con suavidad:

   «¡Bien por César Arroyo, el buen hermano! descarriado un poco, no obstante, al dar por     cosa cierta «que Huidobro hizo a nuestro maestro depositario de su credo, el cual prendió     en un grupo selectísimo de espíritus jóvenes». ¡Señor, qué afán de empañar la verdad pura     y limpia!     Sabemos que esto es debido solamente -en un alma tan noble y afín a nosotros,     como es la de César E. Arroyo-, un pequeño descuido involuntario de documentación. Pero     es preciso aclarar los hechos sobre este nuestro arte: Así, pues, Rafael Cansinos (y     perdone el querido compañero) no fue depositario del «creacionismo» que nada tiene que     ver con nosotros; lo único que hizo [Nota a pie: «Ya conocéis la simpatía con que siempre sonrió el maestro ante lo nuevo»] fue acogerlo ampliamente dentro de esa zona de     inquietud en que se hallaba. Mas el «creacionismo» , es algo bien concreto, al menos una     cosa muy concreta al lado de nuestro Ultra, que no nos cansaremos de repetir, que no es     un dogma ni un modo. El «creacionismo» sí».  


La figura de César E. Arroyo es muy importante para la revista CERVANTES. Su firma está presente en todas las etapas de la revista y desde el primero al último número. Su influencia descuella cuando se encarga de la sección americana, es decir, desde poco después de empezar la segunda etapa hasta el final [abril 1918-diciembre 1920]. Su labor dota a la sección de literatura americana de CERVANTES de una personalidad propia, frente a la española, ya esté dirigida por Andrés González-Blanco ya por Rafael Cansinos, desde enero de 1919.  


COLABORACIONES

Buena  parte de sus colaboraciones en CERVANTES -sobre todo las de la primera etapa- las publicó en Retablo. Figuras, evocaciones, escenas… [Madrid, Biblioteca Ariel, s. f., pero 1921. Prólogo de Gonzalo Zaldumbide]. Esto es lo que justificaría la frase con la que se encabeza el volumen: 

   «Recojo en este libro una buena parte de mi labor de juventud dispersa». 

La mayoría de los textos están fechados entre 1915-1917. Gracias a ello podemos reconstruir sus fechas, que no aparecen en la revista. El libro está publicado por la «Biblioteca Ariel» e impreso en la Imprenta de G. Hernández y Galo Sáez, pero ya no lleva la frase:

   «Biblioteca Ariel. Editada por la Revista Hispano-Americana CERVANTES». 

Esto parece indicar la pervivencia de la «BIblioteca Ariel» tras la desaparición de la revista que la editaba. De Retablo escribe Cipriano Rivas Cheriff en La Pluma [no. 13, junio 1921]:

   «Césare [sic] Arroyo.- Retablo.- Figuras. Evocaciones, escenas.- Prólogo de Gonzalo     Zaldumbide.- Biblioteca Ariel, Madrid.
   Reúne en este volumen el Sr. Arroyo dos conferencias leídas en el Ateneo de Madrid,     algunas crónicas circunstanciales publicadas en periódicos de América y dos bocetos     dramáticos. Las páginas dedicadas al Romancero en América, al Poeta de la     
   Independencia Americana, D. José Joaquín de Olmedo, al cervantista Montalvo, a Rodó y a     Galdós, con motivo del descubrimiento de su estatua en el Retiro, vivo aún el novelista     insigne, solicitan especialmente la atención del lector, luego contagiado de la juventud,     cordialidad, el ferviente entusiasmo del autor por la unión espiritual hispanoamericana.     Exaltado cantor de la lengua castellana cuya virtud une lo que tiempos y distancias     separan, el Sr. Arroyo se complace sobre todo, en ejercitar con rara eficacia esa virtud del     idioma para expresar en períodos amplios, altisonantes, rotundos, las excelencias de la     patria ideal, común a americanos y españoles.
                               C. R. C.».

Las colaboraciones de César E. Arroyo en CERVANTES, bien con su nombre, bien bajo el seudónimo de «Américus», se pueden dividir en varios grupos.


           ARTÍCULOS, CONFERENCIAS Y CRÓNICAS

¿Qué mejor modo de empezar su colaboración en CERVANTES que con un artículo sobre el gran cervantista ecuatoriano Juan Montalvo? El artículo está escrito en Madrid en abril de 1916 -«en estos días del centenario cervantino»- y debió de haberlo publicado antes. El interés de Arroyo por Montalvo [Ambato, 1833-París, 1889] es muy legítimo: era ecuatoriano y era cervantista, autor de unos Capítulos que se le olvidaron a Cervantes. Ensayo de imitación de un libro inimitable. Antes de nada, Arroyo dedica varias páginas a evocar el Ecuador, en una hermosa descripción de sus ciudades y características geográficas: «Voy a hablar de mi patria…», comienza de improviso.Tras exponer sucintamente la bio-bibliografía de Montalvo, señala cómo Valera, Rodó y Unamuno lo elogiaron, y de los dos primeros recoge amplias citas. Finalmente, se detiene en el prólogo que Montalvo le puso a su libro, del que reproduce amplios párrafos y que es una justificación del pastiche cervantino.  

Sobre Montalvo volverá más tarde en «Figuras hispanoamericanas. Juan Montalvo» (septiembre 1919) que es el «Prólogo del libro Narraciones, de Juan Montalvo, que acaba de publicar, con gran éxito, la Biblioteca de Divulgación Literaria». Son unas cuartillas en las que se traza una semblanza general del ecuatoriano. Cf. BIBLIOGRAFÍA más abajo.

La «Evocación romántica» (septiembre 1916) recrea y dramatiza los últimos momentos de la vida de Larra, tras dar casualmente, mientras paseaba, con la lápida de la casa de Fígaro en la calle Santa Clara no. 3 de Madrid una «fosca y triste» tarde de febrero de 1916. Al hilo de la evocación, hila Arroyo algunas consideraciones sobre Larra: «Si su obra es escéptica y real, los labios de su herida cantan el más apasionado y férvido himno de fé romántica…». 

En «Ante el sepulcro de Concepción Arenal» (octubre 1916) evoca la figura humana e intelectual de «la egregia escritora y penalista» gallega a raíz de una visita al cementerio de Vigo el 2 de noviembre de 1915.  

En «La evolución de Gabriel D´Annunzio por Gonzalo Zaldumbide» (enero 1917) elogia entusiastamente el libro de su compatriota sobre el «genio» italiano. Cf. D´Annunzio. Cf. Zaldumbide. «El Cristo de Velázquez» (marzo 1917) es un texto lírico en prosa, lleno de efusiones admirativas hacia el artista que supo captar mejor que ninguno la figura de Cristo: «nadie supo darnos la emoción de la tragedia, que sólo el genial pintor mago vino a revelarnos».

«Al margen de la epopeya. Maeterlinck en España» (junio 1917) es la crónica de la intervención del escritor belga Maurice Maeterlinck en el Ateneo de Madrid el 9 de diciembre de 1916: 

   «Voy sólo a contar que he conocido al Maestro (¡oh, palabra tan gastada y prodigada!), que     le he visto erguirse ante el público; como un símbolo, que le he visto pasar, como una     visión…
   En este invierno cruel y trágico, Maurice Maeterlinck ha venido a España, trayendo a la     vieja patria de la hidalguía y del honor caballerescos la voz angustiada y dolorida de la     Bélgica mártir». 

Maeterlinck -«el más alto y grande de los poetas de la edad contemporánea»- se hallaba en gira propagandista en favor de su patria, ocupada por Alemania:

   «Y con la cruz del martirio de su pueblo, recorre una parte de Europa, peregrino, en     imploración de justicia y piedad».

Arroyo acude al acto acompañado de los mexicanos Amado Nervo y Luis G. Urbina:

   «Esta noche, el gran salón de actos del Ateneo de Madrid está como nunca. Jamás, en     años de concurrir asiduamente, lo hemos visto tan desbordante y esplendoroso.
   Toda la intelectualidad española está aquí. Para dominarlo todo, hemos elegido, en     compañía de Luis G. Urbina y Amado Nervo, asinetos al extremo de la galería alta que     semirodea el hemiciclo».

Y reproduce «algunos fragmentos del admirable discurso de Maeterlinck», que había sido presentado por  Gregorio Martínez Sierra. Maeterlinck -«la voz angustiada y dolorida de la Bélgica mártir»- despierta el entusiasmo de los concurrentes:

   «A los pocos instantes, vuelven a resonar, nutridos, los aplausos. Es que, precedido de     Labra, y acompañado de las dos damas que dijimos, de Gómez Carrillo y de Machado,     viene él; y alto, erguido, descubierto, sonriendo melancólicamente, no es un hombre: es un     símbolo, es Bélgica misma la que pasa…».

En Razón y Fe (enero 1917, 125) leemos: 

   «En viaje de propaganda llegó el 6 de diciembre a Madrid el poeta belga Sr. Maeterlinck. Al     día siguiente dio una conferencia en el Ateneo. Hizo su presentación el Sr. Martínez Sierra,     quien ensalzó los escritos del vate. El Sr. Maeterlinck trató en su conferencia de «Bélgica,     sus atropellos y su heroicidad».

La revista de los jesuitas informa también de que el poeta belga asistió en el teatro de la Princesa a la representación de una obra suya, traducida al castellano con el título de Sor Beatriz. Y de que, a instancias del Gobierno, tuvo que suspender el día 12 una intervención en la Casa del Pueblo y un viaje a Barcelona. Cf. Díez-Canedo (1921) y Pérez de la Dehesa (1971).  

En «París en el Marne» (septiembre 1917) -poema publicado en la sección «Los cantos de la guerra» por el mexicano Alfonso Teja Zabre- no falta una alusión a Maeterlinck como poeta representante del espíritu poético y latino de la Bélgica mártir:

«El humo brota y el acero cruje;
Lieja, Verhaeren, Maeterlinck, Bruselas,
Son trigo de oro bajo rudas muelas!».

Con «Rodó y Montalvo» (mayo 1918), un texto escrito en México en mayo de 1917 participa en el número homenaje a Rodó. Establece un paralelo entre ambos autores, dos de los maestros de América.
               
«Galdós ante su estatua» (enero 1919) es la crónica de la inauguración en el Retiro de Madrid de una estatua de Galdós esculpida por Victorio Macho:  

   «[…] jovencillo imberbe y pálido, de ojos de fiebre, que, terciada de sus hombros una capa     y cubierta su melenada cabeza con un chambergo de amplísimas alas, maquinalmente, tan     conturnado estaba, estrechaba las manos que se le ofrecían, correspondía a los abrazos     que le prodigaban, pronunciando entrecortadas frases de agradecimiento».

Macho había cedido gratuitamente la estatua de granito y «declaró que no percibiría un céntimo por su obra, y que la cantidad colectada en brevísimo tiempo por la Comisón Ejecutiva, compuesta de ilustres literatos, sólo se aplicaría a cubrir los gastos de material, para que así fuera de todos el homenaje». De hecho se había apelado a la suscripción popular, como anota Eduardo Haro en la reseña que le hizo a Santa Juana de Castilla (mayo 1918):

   «En España apenas pueden cubrirse unas listas mezquinas de suscriptores para perpetuar     en un monumento la memoria del Sr. Galdós. Es la miseria ambiente: la intelectual en las     gentes hundidas en el oro, y la economía en los ingenuos amantes de lo bello. Pero ahí está     el verdadero monumento nacional, el aureolado monumento que ha de elevar el nombre de     Galdós sobre todas las alturas españolas: el monumento de su labor inmensa, grandiosa,     patriótica, sorprendente y admirable sobre toda ponderación». 

Se trata de una crónica sentimental y fervorosa, a veces un punto «cursi» como cuando Arroyo le toma una mano a Galdós para «poner en ella un mudo beso conmovido». 

Cf. «La estatua de Galdós» (enero 1919) de Ballesteros de Martos. Un año después, la muerte de Galdós le da pie para escribir «En la muerte del Maestro. Galdós en América» (febrero 1920). Este estudio se abre con un largo preámbulo sobre las relaciones políticas y culturales entre España y América desde la independencia; prevalece la idea de que «no hay sino una literatura» [la del idioma castellano]. Arroyo destaca el importante papel jugado por Galdós en el desarrollo de esas relaciones -«ha hecho por la unión ibérica más que un siglo de política y diplomacia»- y hace un somero repaso de la producción galdosiana, empezando por la novela y terminando por el teatro, destacando siempre la influencia y la huella que sus obras tuvieron en los países de América. Para el ecuatoriano, Galdós «ha sido el épico soberano de la raza hispánica en la Edad Moderna».
Unos años después, publicará un Galdós [Madrid, Imprenta Industrial, 1930]

Por lo demás, Arroyo publica en las páginas de CERVANTES un par de conferencias que dio en el Ateneo de Madrid en los años de 1918 y 1919. La primera lleva por título «Don José Joaquín de Olmedo» (junio 1918) y la pronunció el 25 de mayo de 1918. Al final lleva una nota del autor que dice:

   «Al dar a la estampa la anterior conferencia, cúmplenos declarar que, en este esbozo     biográfico, hemos seguido, principalmente, a D. Clemente Ballén, que prologa la edición de     las poesías de Olmedo, hecha en París, por la casa Garnier Hermanos; a D. Manuel Cañete,     que consagra al estudio de este poeta más de la mitad de un tomo de la «Colección de     escritores castellanos», y a D. Víctor M. Rendón, que tiene escrita y publicada, en francés,     una acabada biografía del Cantor de Bolívar».

La conferencia va sin firmar, aunque en el título se declara su autoría. Arroyo demuestra conocer bien la figura de su compatriota José Joaquín de Olmedo y Maruri [Guayaquil, 1780-1847], del que traza una semblanza biográfica en la que destaca su intervención como constituyente en las Cortes de Cádiz, su labor en pro de la independencia de América marcada por su relación con Bolívar y su trayectoria posterior en las luchas políticas ecuatorianas. Como escritor, hace hincapié en «La victoria de Junín. Canto a Bolívar», obra cumbre de este Quintana americano, «lo único [suyo] que ha quedado y que quedará». Arroyo transcribe amplios fragmentos de la correspondencia entre Olmedo y Bolívar en torno a esta obra, que incluye los comentarios del propio Libertador. 

En cuanto a «Romancero del pueblo ecuatoriano» -publicada en dos entregas (mayo y junio 1919)-, la leyó Arroyo dentro del «curso que sobre Figuras del Romancero organizó la sección de literatura del Ateneo, que preside el ilustre poeta D. Enrique de Mesa, y que con tan brillante éxito ha venido desarrollándose…» (Américus, «Notas hispanoamericanas», junio 1919). En dicho ciclo leyeron también conferencias Jacinto Grau, José Montero y Andrés González Blanco, la de este último publicada igualmente un poco después: en el número de junio. La conferencia se reproduce en Retablo -bajo el título de «El romancero en América»-, con una pequeña ampliación, al publicar completo un romance que Juan Montalvo incluye en sus Capítulos que se le olvidaron a Cervantes, que se obvia en la revista con las palabras: 

   «No lo recito íntegro, a causa de su extensión, y por considerarlo sobrado conocido». 

Tras caracterizar los rasgos propios de la literatura americana: melancolía, gracia fina y epigramática, ternura y tendencia a la hipérbole y a la declamación, Arroyo aborda unas amplias y vagas consideraciones sobre la expansión del romancero castellano en América: romances basados en poemas indígenas, los religiosos, los pastoriles, los patrióticos de la época de la Independencia, los literarios de Montalvo. Todo ello va acompañado de sus correspondientes ejemplos, todos ellos del acervo literario ecuatoriano, como corresponde al título de la conferencia. Arroyo actúa como un verdadero embajador cultural del Ecuador en España.

De abril de 1919 es la interesantísima interviú a Manuel Ugarte, «apóstol esclarecido del ideal hispanoamericano». La entrevista parece una exclusiva para CERVANTES que lleva esta entradilla:

   «El ilustre literato, sociólogo y propagandista, apóstol esclarecido del ideal     
   hispanoamericano, es entrevistado por el director de la sección hispanomericana de esta     revista y hace importantes declaraciones:- Objeto de su venida a España.- Orientaciones     nuevas en materia de política internacional.- Misión de los intelectuales y de las     juventudes.- Posibilidad de literaturas autóctonas en los diversos países americanos.- Una     gran revista hispanoamericana.- Juicio que le merece la revista CERVANTES.- Impresión de     España».

Ugarte acababa de llegar a Madrid «procedente de Buenos Aires», en labor de propaganda? Hacía diez años que no pisaba tierra española. Arroyo -tras destacar su multiforme personalidad: poeta, cronista de viajes, sociólogo, pensador y, en fin, apóstol de la Raza- cuenta cómo conoció al argentino:

   «En el referido año de 1912, tuvimos el honor de ser compañeros de viaje de D. Manuel     Ugarte, a bordo del vapor Buenos Aires, en la corta travesía de Colón a La Guayra. Luego él     siguió su gira por la América del Sur, y nosotros tomamos rumbo a España.
   Después, en 1917, realizó D. Manuel Ugarte un viaje de Buenos Aires a México, invitado     por la Universidad de esta última capital para dar unas conferencias, que versaron sobre     palpitantes problemas de política internacionalista, constituyendo verdaderos     
   acontecimientos en el país mexicano y legítimos triunfos para el elocuente orador     argentino.
   En México estaba D. Manuel Ugarte cuando, por una feliz casualidad, volvió el cronista a     encontrarse con él, saliendo juntos de esa maravillosa ciudad, y atravesando todo el     territorio mexicano, por el istmo de Tehuantepec, en un viaje sugestivo, inolvidable, lleno     de emociones y sorpresas, llegaron a Salina Cruz, tomando los dos el mismo vapor     japonés, que los condujo a Panamá, en donde se despidieron»

La entrevista tiene lugar en el Palace Hotel:

   «Le saludamos en nombre de la revista CERVANTES, saludo que él agradece, teniendo para     todos y cada uno de los compañeros que forjamos estas páginas, entusiastas frases de     simpatía y de aplauso».

Ugarte declara que su visita a España tiene por objeto «empaparme de nuevo en la sana y reconfortante atmósfera de esta querida tierra española» y propone a las naciones hispanoamericanas «acecarse cada vez más a España». Sin embargo, rechaza la posibilidad de una unión política iberoamericana aunque acepta una unión comercial, intelectual y moral, sobre todo tras la terminación de la Gran Guerra:

   «Una de las enseñanzas de la guerra que termina, es la necesidad de conglomerar fuerzas     para mantener la durabilidad y vigor de las corrientes civilizadoras».

Por lo demás, se muestra escéptico ante «la posibilidad de literaturas autóctonas en los diversos países americanos»:

   «Dado qur escribimos en el mismo idioma, de acuerdo con precedentes comunes y sujetos     a influencias isócronas, siendo, como son, idénticos esos países por su composición y     antecedentes, claro está que la resultante tiene que ser análoga y que nos encontramos en     la América hispana en presencia de una sola literatura que puede tener, según las     regiones, diversidad de matices, pero que nace en conjunto de una misma situación y de     una mentalidad parecida en la unanimidad final de un movimiento indivisible».

Ugarte se decanta por una literatura común en su desarrollo con España, por una fusión de las literaturas iberoamericanas y por la creación de una Academia Hispanoamericana. Arroyo le pide un juicio sobre CERVANTES:

   «Desde luego, han realizado ustedes una obra admirable y fecunda con esta revista cuyo     nombre simbólico encarna, en realidad, una síntesis y expresa con un nombre rodeado de     laureles y venerado por todos, esa misma fusión y unidad de que hablábamos hace un     momento. Pero para que una publicación, especialmente hispanoamericana, destinada a     públicos tan diversos por su ubicación geográfica, ya que no por su composición y su     sentimiento, pueda cumplir ampliamente su misión de difundir y concretar el pensamiento     de tan vasta conglomeración de almas y de cerebros, sería indispensable multiplicar dentro de ella, en lo posible, los núcleos de captación y de irradiación, haciéndola a la vez     española, argentina, ecuatoriana, mexicana, etc., dándola todos los matices y las facetas     de nuestro iris supernacional y evitando todo reproche posible de estancamiento o     centralismo que le quitara su don de ubicuidad múltiple en el amplio campo que debe     fecundar. Porque se hallan en germen en CERVANTES y en varias otras grandes revistas     que se publican en España, estas sanas direcciones, y porque en América surgen publicaciones análogas, es que podemos esperar el movimiento de conglomeración     intelectual que pueda fusionar nuestras literaturas».

Ugarte exhorta a una mayor apertura geográfica de la revista, para captar los diversos núcleos creativos de toda la América Española. Finalmente, Ugarte evoca sus anteriores visitas a España. Cf. el libro de Arroyo sobre Ugarte: Manuel Ugarte [París, Le Livre Libre, 1931].  

El socialista argentino Manuel Ugarte llevaba varios años empeñado en una campaña internacional de conferencias cuyo tema era las relaciones entre los Estados Unidos y la América hispana y en concreto sobre el peligro imperialista que los primeros suponían para la segunda. Además, cumple la promesa que le hizo en abril a Arroyo: «promete visitar esta casa, para conocer personalmente a los escritores, nuestros compañeros, que laboran en CERVANTES». Para más detalles de esta visita, cf. Ugarte.

La muerte de Amado Nervo afectó profundamente a Arroyo. En una «nota hispanoamericana» (junio 1919) nos enteramos de que:

   «El Centro de Cultura Hispanoamericana, una de las más importantes asociaciones     americanistas, ha dedicado a rendir un homenaje a Amado Nervo, una de sus últimas     sesiones, y en ella nuestro compañero César E. Arroyo, hizo con acento emocionado una     fervorosa evocación de la personalidad y de la obra del inmenso poeta».

En «Amado Nervo» (junio 1919) hila Arroyo unas breves líneas en honor del poeta recién fallecido. En estas primeras palabras de homenaje se esfuerza por establecerlo en el rango de los prestigios americanos -al lado de Rubén y de Rodó y bajo el magisterio del ecuatoriano Montalvo «el más grande de todos»:

   «El cable ha vibrado dolorosamente con esta noticia: Amado Nervo ha muerto. Huelgan, en     esta hora de dolor profundo, las frases hechas, los panegíricos de rúbrica, que se     consagran al fallecimiento de cualquier señor. La muerte de Nervo representa una pérdida     tan irreparable y enorme como la de Rubén, como la de Rodó; y confirma, una vez más, la     angustiosa fatalidad de que todos los maestros de América mueren relativamente jóvenes,     como murió Montalvo, el más grande de todos […].
   Amado Nervo no ha muerto; después de realizar una obra inefable, se ha acogido al Reposo     y a la Quietud. El vive y vivirá en la literatura universal al lado de Santa Teresa y San Juan     de la Cruz, de Sor Juana y de Rabindra Nath Tagore, de Maeterlinck y el pobre Lelian».

Como complemento de esta nota necrológica la revista CERVANTES publica en primicia los últimos poemas de Amado Nervo enviados por el propio autor:

   «Lo único que cabe es deshojar ante su tumba recién abierta las flores murientes de sus     últimos poemas, que su mismo autor nos ha enviado y que llegados con posterioridad a la     noticia de su muerte, cobran un nuevo prestigio misterioso y profundo».

En efecto, a continuación se publican cinco poemas inéditos del mexicano. Se trata de unos poemas inéditos escritos en 1918 que Nervo le había mandado a Arroyo desde Montevideo en la primavera de 1919, poco antes de morir. Los cinco poemas se estamparán en el libro casi póstumo El estanque de los lotos [Buenos Aires, Jesús Menéndez, 1919]. Están escritos en Madrid antes de partir para América: «Difusión» (fechado el 11 de febrero de 1918). «Heráclito» (fechado el mismo día). «La beatitud» (fechado en marzo de 1918). «Ridendo» (sin fechar, pero escrito por entonces) y «Libros» (fechado el 28 de febrero de 1918).      

En su «impresión de España» sobre El Escorial (mayo 1920) Arroyo conjuga la descripción del monumento artístico con las impresiones psicológicas que a él y a su acompañante les produce. Esta relación entre obra de arte y sentimientos humanos aparece en numerosos textos de Arroyo.  

«La cultura en el Ecuador» (julio 1920) parece el informe de un diplomático. Tras afirmar la unidad del mundo hispanoamericano y el papel generador de España, que puso los «cimientos culturales» de aquellas sociedades, el texto no es más que una fría exposición de las diferentes facetas de la vida intelectual ecuatoriana: instrucción primaria, secundaria y universitaria; centros científicos, laboratorios químicos y corporaciones culturales; Biblioteca Nacional, Escuela de Bellas Artes y Conservatorio; artes manuales, enseñanza agrícola, prensa, becas, teatros y legislación.  

«In memoriam. Mariano de Cavia» (agosto 1920) es un artículo retórico y necrológico, en el que se hace una enfática alabanza del recientemente fallecido académico [14 de julio de 1920]. Comienza Arroyo por hacer un elogio del español («la patria -ya lo han dicho pesadores egregios- es la lengua») y de la labor de «apostolado» por conservar su pureza de Cavia, al que pinta como verdadero árbitro de la lengua. También destaca su labor de periodista y su «hondo sentido hispanoamericanista», cosa obligada en una revista «que aspira a ser un órgano del pensamiento hispano». Cf. Cavia.

Otro recuerdo en memoria es que le dedica a Felipe Trigo (septiembre 1920) en el cuarto aniversario de su suicidio. Al hilo de sus recuerdos personales traza un perfil bio-bibliográfico del novelista extremeño.

    «Nunca se borrará de nuestra mente el cálido recuerdo de aquella ardorosa tarde del 2 de     septiembre de 1916. El día anterior habíamos llegado de Vigo y descansando de las fatigas     del viaje, nos hallábamos en nuestra casa de Madrid, cundo recibimos un aviso telefónico     de Villaespesa, llamándonos con gran urgencia; pero sin decirnos para qué. Salimos     inmediatamente en busca del poeta que, a la sazón, vivía en un hotel de la calle de     Carretas. Al llegar a la Pureta del Sol, oímos a los vendedores de periódicos gritar: «El suicido de Felipe Trigo»; pero como al mismo tiempo ofrecían unos ejemplares de la Novela     Corta con el retrato del popular escritor, creimos, al principio, como muchos, que se trataba     de una novela con ese título. Compramos uno de esos cuadernos, encontrando que era una     reducción de La Altísima, hecha por su propio autor. En aquel momento, notamos que     compactos grupos de gente, se estacionaban frente a los transparentes colocados en los     balcones de las oficinas de La Correspondencia de España. Nos acercamos también     nosotros, y nuestra sorpresa fue enorme al leer, en esos transparentes, la noticia».
           

           CUENTOS Y APUNTES DRAMÁTICOS

Son 3 textos, todos ellos recogidos en Retablo. «El caballero, la muerte y el diablo» (septiembre 1917) es un «apunte dramático» escrito cuando aún era cónsul del Ecuador en Vigo. Se llegó a estrenar en el teatro Sucre de Quito en fecha que ignoramos. Consiste en un breve diálogo simbólico entre unos supuestos príncipes de Hielandia, Yolanda -«diosa escapada de un deslumbrador lienzo de Rubens»- y Ataulfo. El título hace referencia al famoso grabado de Durero.
   
«La Canción de la vida» (abril 1918) se publica como «paso de comedia, inspirado en una poesía de Francisco Villaespesa» y es un diálogo entre el apasionado y vitalista Jaime y la «sensual y mística, a la vez» Gloria. La escena es en un jardín. Gloria quiere renunciar a las vanidades del mundo y consagrarse al culto místico de Dios, pero Jaime logra forzar su voluntad para que acepte el amor humano y el culto a la vida que él le profesa:

   «Caen abrazados en un banco rústico. Jaime besa largamente la frente de Gloria… la cruz     de ceniza se borra… el libro de Kempis ha caído al suelo… la Vida triunfa. TELÓN». 

En el diálogo Arroyo usa varias estrofas de la «Canción de la vida» de Francisco Villaespesa, que contienen la tesis vitalista que el autor defiende a través del protagonista:

«En el aire hay caricias, la campiña está en fiesta,
un incendio de púrpura humea en la floresta,
y revoloteando en las torres vecinas,
parece que me hablan de amor las golondrinas».

«La canción de moda» (diciembre 1920) es un cuento en el que una canción de moda tocada por unos músicos callejeros introduce el recuerdo de amores pasados y extramatrimoniales en un interior burgués. La música y la letra de la canción evocan en el alma del joven Ramiro de Peralta -«casado con una mujer bellísima, y [que], sin embargo, no es feliz»- su relación con Pilar, la amante a la que tiene que dejar. 

En todos estos textos, César E. Arroyo usa de referentes culturales -pintura flamenca o alemana, poemas de Villaespesa, canciones populares- en el análisis de las relaciones hombre-mujer. Los referentes sirven como espejo, guía o contrapunto a la acción real. Arroyo defiende un amor real, sensual y carnal pero comprende las dificultades que la vida diaria opone a su realización.

Así pasa también en «Bajo el ópalo cómplice…» (marzo 1920), en donde las angustias de un adulterio se desvanecen a la luz de la luna -el «opalo cómplice»- y bajo el referente de Cervantes:

   «- ¿Qué nos importa ya todo? ¿Por qué inquietarmos por el porvenir? Vivamos el presente.     Tenemos amor: triunfaremos. Y, sobre todo, ¿quién sabe si en esta noche blanca y nupcial,     en esta misma y vetusta Alcalá de Henares, seamos nosotros los que, al cabo de más de     tres siglos y medio, logremos engendrar un nuevo Miguel de Cervantes?…».



EL VIAJE A MÉXICO [1917]

El 19 de abril de 1917 César E. Arroyo embarca en Santander en el trasatlático español «Alfonso XIII» con dirección a La Habana. El ecuatoriano va en condición de secretario de Francisco Villaespesa. En «Nuestro director, Francisco Villaespesa, en América»  (junio 1917) leemos: 

   «Contratado por la Empresa mexicana Virginia Fábregas, ha llegado a la ilustre República     nuestro querido director, Francisco Villaespesa. Le acompañan su esposa y nuestro     compañero de redacción el notable literato ecuatoriano César E. Arroyo». 

El veracruzano La Lucha informa (junio 1917):  

   «En este viaje le acompañan, además de su distinguida esposa, su secretario, el también     renombrado escritor ecuatoriano Sr. César E. Arroyo, y varios artistas que van a ingresar     en la compañía de la Fábregas».

Como secretario de Villaespesa, Arroyo debió de participar en muchos de los actos en los que participó el almeriense. En este sentido, cf. Villaespesa.  

En México capital estuvo presente en el banquete de bienvenida con que un grupo de poetas mexicanos [Antonio Guzmán Aguilera, Enrique González Martínez, Rafael López, Manuel de la Parra, José de J. Núñez y Domínguez, Jesús Villalpando, Xavier Sorondo, Francisco Borja Bolado, Gilberto Ruvalcaba, José D. Frías,  Manuel Gómez Palacio…] obsequió a Villaespesa. Cf. «Villaespesa en América» (julio 1917). El homenaje tuvo lugar un día de mayo de 1917 en una de las islas de los jardines de Xochimilco. En su semblanza de Enrique González Martínez (enero 1920) Arroyo ha recordado:

   «Se trataba del homenaje que los poetas mexicanos ofrecieron a Villaespesa, consistente     en una gira al mágico y ensoñado lago de Xochimilco. Evoco nostálgico     el recuerdo     inolvidable de aquella sortílega alborada de mayo, en la que -según el decir de Rafael López-     «iba la mañana toda de azul, sentada en la proa de nuestra barca, cotándonos un cuento;     en la que iba el sol, todo púrpura, resucitando jóvenes decires en los labios de los más     viejos; en que iban los mozos, como en los versos de Anacreonte, «coronada la frente de     verbena y henchido el corazón por los deseos», con la divina audacia de la primavera en     las liras y en los corazones». Así, de esta manera lírica, hicimos el viaje, desde la población     de Xochimilco, a través de los canales que bordean las floridas y clásicas chinampas,     verdaderos jardines flotantes de alucinación y maravilla, hasta una poética isla, en la que     se había preparado un banquete cuyo menú estaba exclusivamente formado de platos     nacionales, rociados con el viejo licor de la Reina Xochil, que no era otro que el agradable y     tan calumniado pulque. Sentados alrededor de una mesa redonda, en fraternal     
   convivialidad, teniendo por fondo una fantástica decoración de lagos y volcanes, los     poetas mexicanos hicieron, a la hora de los postres, al poeta español, la lírica ofrenda de     sus versos. El primero en recitar fue González Martínez, que era quién presidía. Le vemos     levantarse de su asiento, sacudiendo su negra y ensortijada melena, una explosión de     anillos de azabache; clavar muy hondo en el     azul del lago, a cuyas orillas estábamos, su     mirada penetrante; afianzarse con mano nerviosa lon lentes de oro; acariciarse con gesto     elegante su bigote de mosquetero, y con voz grave y varonil, sin dejar de ser dulce,     decirnos una poesía honda, inquietante y sugeridora, como todas las suyas. Al terminar su     canto el magno poeta, el temblor sagrado de la emoción corre al través de los nervios de los     oyentes, que ovacionamos al insigne portalira. Luego, dicen sus cantos inspirados Efrén     Rebolledo y Rafael López, Rubén Campos y Puga y Acal, Manuel de la Parra y Núñez y     Domínguez, López Velarde y José D. Frías, Jesús Villalpando y Javier Xorondo, Gómez     Palacio y Borja Bolado, J. A. Muñoz y Guillermo Ruvalcaba. Por último, Villaespesa, formidable sonetista, improvisó uno muy bello, dedicado a sus hermanos los líricos     ruiseñores del Anahuac. Terminado el ágape, los invitados recorrimos los más hermosos     parajes de la comarca. En uno de esos paseos deliciosos, del Doctor González Martínez     tuvo la bondad y nos hizo el alto honor de apoyarse en nuestro brazo, y con acento     amable platicó con el cronista de literatura americana, tema en el cual el maestro revelaba     un dominio plenario».

En México se encontró con Manuel Ugarte -en «Manuel Ugarte en Madrid» (abril 1919): 

   «En México estaba D. Manuel Ugarte cuando, por una feliz casualidad, volvió el cronista a     encontrarse con él, saliendo juntos de esa maravillosa ciudad, y atravesando todo el     territorio mexicano, por el istmo de Tehuantepec, en un viaje sugestivo, inolvidable, lleno     de emociones y sorpresas, llegaron a Salina Cruz, tomando los dos el mismo vapor     japonés, que los condujo a Panamá, en donde se despidieron».  

Este viaje fue muy importante para Arroyo, ya que entró en contacto directo con los poetas mexicanos del momento. De este contacto saldrá su serie de «Modernos poetas mexicanos». Vid. más adelante.

Mientras que Arroyo regresó a Madrid, Villaespesa se quedó en México. En 1918 se hizo cargo del consulado de la República del Ecuador en Madrid (Américus, «Notas hispanoamericanas», diciembre 1918): 

   «D. César E. Arroyo, Cónsul del Ecuador en Madrid, uno de los directores de esta revista,     nombrado recientemente vocal de la Junta directiva [de la «Juventud Hispanoamericana»],     propuso, y fue aprobado por unanimidad, que en fecha oportuna se celebrase en esta corte     un Congreso de estudiantes hispanoamericanos, en el cual tuvieran representación todos     los centros docentes de España y América».

Cansinos debió de conocerlo a finales de 1918 en casa del editor José Yagües, cuando se le ofrece la dirección de la sección española de CERVANTES. Lo describe (1985, 272) como: 

   «un joven moreno, con cara aindiada y unos brazos largos de chimpancé -a Fombona le     indigna que ese hombre sea un representante del continente americano-, …».  

Más tarde (1985, 274) se fija en su «voz melosa de criollo» y le atribuye la frase «¡Crítica de guante blanco!».  



           


«MODENOS POETAS MEXICANOS»

La serie de «Modernos poetas mexicanos» (julio 1918-noviembre 1920) se compone de nueve entregas. Escribe sobre Francisco A. de Icaza, Jesús E. Valenzuela, Amado Nervo, Manuel José Othón, Efrén Rebolledo, José Juan Tablada, Rubén M. Campos, Enrique González Martínez y Lázaro P. Feel. La serie comienza tras su incorporación al staff de la revista en julio de 1918, adjunto al director Andrés González-Blanco. En la primera entrega (julio 1918) justifica su intención. Empieza pintando la situación del país:

   «Acostumbrados como estamos a mirar a México al través del prisma rojo de las     revoluciones que han seguido ensangrentando su maravilloso suelo desde 1910, lo     creemos un país anarquizado y en plena descomposición; y, nada, por cierto, más lejos de     la realidad. Esto no quiere decir que una tromba de fuego, como una maldición bíblica, no se     haya desatado por toda la enorme extensión comprendida desde el sur de Yankilandia     hasta el Norte de Guatemala, desde el Golfo de México hasta el Océano Pacífico. Pero la ígnea tempestad ha pasado ya, no quedando de ella sino dispersos rescoldos que van     apagádose poco a poco. Después de esta conmoción necesaria y saludable, que ha     obrado a modo de sangría en un organismo congestionado y pletórico de vida, México se     halla consolidado, en plena reconstrucción. Y son tantos, tan magnos e ingentes los     recursos de ese gran pueblo y es tan enorme su pujanza que, a despecho de todo, su inmensa vida sigue desarrollándose avasalladora y protéica, de tal manera que, al     contemplarla, el viajero queda sorprendido al ver que, a pesar de cuantos horrores le     contaron, parece que allí no ha pasado nada…».

Y llama la atención sobre el mantenimiento de su tradición cultural, más pujante que nunca:

   «Esto, en el orden material. Ahora, que lo ocurrido en el orden espiritual es aún más     admirable. La gloriosa tradición cultural de México, que tiene su raigambre en los     legendarios, fastuosos tiempos aztecas, no se ha interrumpido ni por un momento; muy al     contrairo, a medida del tiempo, ha ido ensanchándose y engrandeciéndose, a la manera de     los ríos, que cobran más potencia y majestad cuanto más avanza hacia el mar el curso de     su corriente.
   El movimiento cultural de México es intensísimo y enorme. Nada o casi nada se conoce de     él aquí, por el completo y lamentable aislamiento en que viven los pueblos hispano-    americanos. De ahí que sólo tres o cuatro nombres gloriosos, y eso de poetas, son los     únicos que llegan hasta nosotros, envueltos en cendales de gloria».

Finalmente, traza las líneas generales de la serie de artículos:

   «Siguiendo la estrella de un poeta, del mayor poeta de lengua castellana, cogidos de la     mano de la señorita aventura, fuimos de España a México, hace apenas un año. Al llegar a     las ubérrimas tierras del Anáhuac, más que sus fabulosas riquezas naturales, más que su     progreso material, que es magnífico, cautivó nuestra atención el grandioso monumento de     su cultura, para reseñar el cuál sería preciso escribir gruesos volúmenes.
   Aquí no vamos sino a recordar a unos cuantos poetas modermos de México, que cuenta     con una pléyade excelsa y numerosa de cantores, destacándose entre ellos cinco o seis     figuras de primera magnitud, no sólo dentro del marco de la literatura mexicana, sino del     más amplio y grandioso de la literatura española.
   En el poco tiempo que permanecimos en México, entre poetas vivimos. Todos ellos nos     acogieron con simpatía, con sincero afecto. Con algunos llegamos a tener una amistad     estrecha, fraternal. Les debemos, pues, un homenaje de recuerdo. Nuestra pálida     evocación no tendrá más mérito que el que pueda prestarle, en algunos casos, el     conocimiento directo y personal. No voy a presentar una galería completa, ni mucho menos, sino una colección particular, una pinacoteca íntima, en la que si no están todos los     que son, sí serán todos los que están».

La primera entrega aborda las figuras de Manuel Gutiérrez Nájera, Justo Sierra, Salvador Díaz Mirón y Luis G. Urbina. Para los primeros hace un somero análisis biobibliográfico. En el caso de Salvador Díaz Mirón hay lugar para la anécdota:

   «Cuenta en la actualidad sesenta y cinco años; pues nació en Veracruz en 1853. La última     marejada política de su patria, le arrojó a La Habana, en donde reside actualmente. A     nuestro paso por la capital de la Gran Antilla, supimos que Díaz Mirón se encontraba allí,     desempeñando el puesto de profesor de inglés en un colegio. Villaespesa y el que esto     escribe hicieron lo posible para dar con él; pero todo fue en vano. La fama de hombre     misántropo y retraído que le rodea, no falló, por desgracia, en esa ocasión».

Para Urbina, cf. Urbina.

En agosto de 1918 se ocupa de las figuras de Francisco A. de Icaza y Jesús E. Valenzuela. Los recuerdos personales son lo más destacado del análisis. De Icaza, por ejemplo, leemos:

   «Conocimos a Francisco A. de Icaza, en Cádiz, en medio de los esplendores del Centenario     de las Cortes doceañistas. D. Justo Sierra, designado Embajador de México para esas     fiestas, había muerto en Madrid, pocos días antes de esa solemnidad. Entonces, la     cancillería mexicana dispuso que Icaza, que a la sazón estaba de Ministro     
   Plenipotenciario en Berlín, sustituyera, en esa Embajada, al gran viejo desaparecido […]     Allí inicié con este hombre, por tantos conceptos ilustre, una amistad que me honra y que     se afirmó con la visita casi diaria y el trato frecuente en el Ateneo de Madrid, del que Icaza     fue, por mucho tiempo, vicepresidente».

En «Amado Nervo» (septiembre 1918) -aparte algunas notas biográficas y críticas- llama la atención la evocación personal del poeta [Cf. Nervo]:

   «Conocí y traté a Amado Nervo, en Madrid, en donde, como todo el mundo sabe, ha vivido     muchos años, ya ejerciendo cargos diplomáticos de su patria, ya como simple escritor. La     primera vez que tuve el honor de ir a su casa fue hace dos años, con motivo de pedirle     colaboración para esta revista, que acababa de fundarse y a cuya redacción he     pertenecido desde el primer día. De tiempo atrás conocía ya de vista al poeta de lo inefable;     le había contemplado cruzar las calles de Madrid, sereno, erguido, como abstraído por una     visión interior. Algunas veces se colgaba de su brazo una niñita rubia. Tal vez era aquella que sugirió:

       La niña es tan rubia que,
       cuando hay sol, no se la ve…
   
   Muchas veces estuve tentado de acercarme al poeta y saludarle, y decirle de mi     admiración y de mi perdilección por su obra; pero me contuve, como me he contenido     siempre en estos casos. Nunca he ido hacia las celebridades, intempestivamente; siempre     he esperado una ocasión, una oportunidad, una coyuntura favorables, y si éstas no se han     presentado, me he contentado con seguir admirando, de lejos, a las grandes figuras de mis     devociones artísticas.
   Aquella ocasión sí daba un motivo grato y noble para ver a Nervo, y a su casa fui lleno de     satisfacción. Habitaba en la calle de Bailén, en el segundo piso de una casa frontera con el     Palacio Real, y desde cuyos balcones se dominaba una parte del Campo del Moro y las     dehesas de la Real posesión de El Pardo. No sin cierta emoción, toqué el timbre de la     puerta. Una vieja criada acudió a abrirme y me condujo al despacho del poeta. Estaba éste     vestido de bata, ante su mesa de trabajo. Al verme se levantó y vino hacia mí,     
   extendiéndome sus dos manos, en amplio ofrecimiento de amistad. Nervo es un hombre     que frisa en los cuarenta y cinco años; estatura regular, cuerpo enjuto, rostro ascético de     amplísima fremte y ojos árabes; su perfil aquilino está reclamando el laurel y la roja capucha     del Florentino inmortal.
   Le pareció admirable la fundación de una gran revista que refleje en sus páginas lo más     selecto, lo más brillante del pensamiento y del sentimiento estéticos de España y de     América. Inmediatamente hizo el alto don de entregarme, para la nueva revista, versos     suyos inéditos, y una preciosa composición de una exquisita poetisa chilena, lejana e     incógnita, Grabriela Mistral, con quien sostenía una espiritual correspondencia, y a la que     deseaba hacer conocer del gran público español. Habló extensamente y con fervor del     movimiento literario de nuestra América, que seguía día a día y con enorme interés. Me hizo mil preguntas sobre el Ecuador, especialmente sobre Quito. No le era desconocida la     intelectualidad ecuatoriana; me dijo que recibía la revista Letras y que simpatizaba con su     espíritu y tendencias. Charlando de todas estas cosas, habían pasado más de dos horas,      que yo no había sentido, departiendo con tan selecto espíritu, en un amable y acogedor     ambiente de arte».

Los estudios sobre «Manuel José Othón» (octubre 1918), «Efrén Rebolledo» (diciembre 1918), «Rubén M. Campos» (julio 1919), «Enrique González Martínez» (enero 1920), «Lázaro P. Feel» (noviembre 1920) son de tipo bio-bibliográfico. Cf. cada autor. 

El viaje fue a México fue muy importante para Arroyo, ya que entró en contacto directo con los poetas mexicanos del momento. Vid, supra. No faltan los testimonios personales en esta galería de poetas. Por ejemplo, en  la semblanza de «Rubén M. Campos» (julio 1919) evoca:

   «En mi rápido paso por México, conocía  Rubén M. Campos ocupando un elevado     puesto en la Dirección General de Bellas Artes. Hombre afable, sincero y franco,     conversador inteligentísimo, su charla sobre materias de arte que él domina, pues ha sido     Profesor de Música y de Literatura, es una delicia. Desde el primer momento me honró con     su amistad. En cierta ocasión, entre un grupo de íntimos, tuve el placer de oirle ejecutar,     como un virtuoso, a Chopin y a Schumann, sus maestros favoritos. El, es posible que ya ni recuerde del cronista viajero que le aplaudió aquella tarde y que hoy intenta esbozar su     semblanza. Yo sí lo recuerdo, como si lo estuviera viendo; y tentado estoy de trazar al lápiz     su silueta de líneas románticas, sentado ante el piano, cuyas teclas -marfil hecho dolor-, al     ser heridas por los dedos nerviosos de un poeta músico, nos revelaban el secreto     arcano de una alma de artista. Pero, al revisar las notas que guardo para componer esta     galería de retratos mexicanos, he aquí que me encuentro con una rápida silueta de Campos, hecha de mano maestra [de Manuel Ugarte]…».

Los dos artículos que Arroyo le dedica a José Juan Tablada -«José Juan Tablada» (marzo 1919)
y «La nueva poesía en América. La evolución de un gran poeta» (agosto 1919)- son de una importancia capital y los analizo con profundadidad en la ficha del mexicano, a la que remito. Debido a su contacto con el ultraísmo en las páginas de CERVANTES y a episodios como el de su correspondencia con Tablada, Arroyo se convertirá en un embajador de las nuevas doctrinas poéticas en América:

   «Las palabras del maestro, que son de una lógica incontrovertible y de una verdad     aplastante, no tardarán en imponerse, como un postulado, a las juventudes de América,     que ya empiezan a despertar al sol del arte que nace, según el mismo Tablada nos lo indica,     prometiédonos dar cuenta de este resurgimiento en futuras informaciones que esperamos     y que nunca agradeceremos bastante».

En este sentido, «La nueva poesía en América. La evolución de un gran Poeta» (agosto 1919) se publicó después en la revista Quito (octubre 1922), siendo «una de las primeras síntesis rigurosas que se divulgan en el Ecuador sobre la renovación poética que estaba ocurriendo en castellano» (Robles, 1988, 657). 


Me consta que la serie «Modernos poetas mexicanos» la publicó también -toda o parte- la Revista de la Sociedad Jurídico-Literaria de Quito. Por ejemplo, el artículo sobre Othón (septiembre 1918) se publicó en el no. XXII [1919, p. 16-22]. La Revista de la Sociedad Jurídico-Literaria de Quito se recibía en CERVANTES, que en alguna ocasión la comentó en su sección de bibliografía. En Retablo [1921] se da una lista de «Obras de Césare Arroyo» [sic] entre las que figura Modernos poetas mejicanos. Pero no he localizado ese libro, que, por lo demás, ya no aparece entre las obras del autor en Manuel Ugarte [1931].                 
           

           NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

Arroyo colabora poco pero de manera intensa en la sección de «bibliografía» de CERVANTES. Es de destacar la atención que presta a la literatura de México y de Ecuador, así como las referencias a  las colecciones «de la casa». El primer bloque notas críticas aparece en febrero 1919. Comenta el nuevo libro de «el más joven de los garndes poetas de México»: La Hora del Ticiano de José de J. Núñez y Domínguez. Arroyo había estado en México en 1917 y había dejado allá grandes amistades. En Núñez y Domínguez destaca su prosaismo sentimental, su uso de las medias tintas: 
   «Nada de estridencias ni de metálicas fanfarrias; todo está transportado en tono menor». 

Comenta también el prólogo de Villaespesa, que dice: «[Su poesía] ha ganado en intensidad humana lo que ha perdido en virtuosidad retórica». Termina Arroyo anunciando que a su «amigo del alma» le debe un homenaje «que pronto, muy pronto, cuando le llegue su turno en la Galería de Modernos Poetas Mexicanos, que estamos esbozando», le rendirá. Deuda que, por cierto, no llegó a pagar. También comenta por extenso el libro del «brillante publicista mexicano» Luis Andrade, México en España [cf. Salvador Rueda]. Arroyo vuelve a demostar aquí sus simpatias por Venustiano Carranza y su régimen constitucionalista. Ensalza a continuación el espíritu «sentimental, sencillo, sensitivo» de María Enriqueta Caramillo de Pereira que, en su novela Jirón de mundo «nos cuenta en un estilo terso, hondo y emocionado» una historia «que quedará como una joya de la literatura hispanoamericana». También reseña el libro de Ricardo Palma: Las mejores tradiciones peruanas, primer tomo de una «Biblioteca Selecta de escritores americanos» dirigida por Ventura García Calderón para la casa Maucci de Barcelona. Arroyo loa este intento de dar a conocer libros clásicos de la literatura americana y la propia colección de Palma, «el primero de los clásicos de América». Por último, Arroyo da una lista de libros «recibidos» -varios de ellos escolares- de las casas Araluce, Fortanet, Dalmau y Pla y Cía., con la promesa: 

   «De todos los precedentes volúmenes daremos explícita reseña en el número próximo y     sucesivos». 

De hecho, en abril de 1919, además de dar cuenta de un folleto de la «Fiesta de la Raza organizada por el Ateneo de La Laguna (Islas Canarias)»:

   «Hemos recibido un interesante folleto que contiene la reproducción de discursos y     poesías que fueron leídos en el Ateneo de La Laguna en la fiesta que esta entidad     celebró el día de la Fiesta de la Raza, del año último. Resaltan en este folleto patrióticos     discursos de los Sres. Cabrera, Cruz, Jiménez, Santos Ecay, García Cames y Morales y M.     de Escobar, al lado de inspiradísimas poesías leídas por los Sres. Rodríguez-Figueroa ,     Tabares, Bartlett, Hernández Amador, Orosa y Verdugo».

… se hace eco de algunos de los «libros recibidos» un par de meses antes (no de los tres de Fortanet) limitándose a destacar su valor pedagógico y añadiendo uno de Casals: Formulario de higiene [Henrich]. A ellos añade una reseña de José Gálvez, cónsul del Perú en Barcelona, a un libro de propaganda sobre los derechos del Perú a las provincias de Tacna y Arica. La sección termina con un llamamiento: «En esta sección daremos cuenta de todas las obras cuyos autores o editores nos envíen dos ejemplares». 

Arroyo no vuelve a ocuparse de la bibliografía hasta abril y mayo de 1920 en que publica dos importantes colaboraciones que llevan como título: 

   «Del momento literario. Letras americanas (Libros últimamente publicados y recibidos)»

El primer libro sobre el que llama la atención es Estampas de viaje (España en los días de la guerra) de Luis G. Urbina [Madrid, Biblioteca Ariel, 1920]. 

   
   BIBLIOTECA ARIEL [1919-1921]

La «Biblioteca Ariel» fue una colección de libros que creó la propia revista CERVANTES en 1919, y que la sobrevivió. El nombre de la colección procede de la célebre obra del uruguayo J. E. Rodó, guía espiritual de la juventud hispanoamericana desde 1900. Un primer anuncio publicitario lo econtramos en la contraportada del no. de noviembre de 1919. En él se da una explicación del por qué de la creación de la colección:

   «Deseosa la revista Hispano-americana CERVANTES de completar la labor de cultura que     viene realizando, ha fundado la Biblioteca Ariel, con el propósito de que la formen obras de     escritores españoles y americanos pertenecientes a las nuevas generaciones     
   intelectuales y de aquellos otros de ilustre historia que más contacto guarden con la     juventud».

Y añade una lista de 7 volúmenes que la biblioteca «tiene en prensa»:

I.- Estampas de viaje, por Luis G. Urbina.
II.- El libro de los plagios, por Luis Astrana Marín.
III.- Semblanzas de América, por Ventura García Calderón.
IV.- El madrigal infinito, por R. Cansinos-Assens.
V.- La tienda de los espejos, por Roberto Levillier.
VI.- El martirio de la carne (novela), por Ballesteros de Martos
VII.- Los jardines ilusorios, por Manuel Ugarte». 

Se añade por último que la «Concesionaria exclusiva para la venta» sería la Sociedad General Española de Librería, Diarios, Revistas y Publicaciones (Ferraz, 21.- Madrid).

No tengo confirmación de que todos los libros anunciados en este reclamo se llegaran a publicar. Habrá que esperar varios meses, a marzo de 1920, para que una página de publicidad anuncie que el libro de Urbina ya ha sido publicado y que el de Astrana está en prensa. En el número siguiente (abril 1920), César E. Arroyo publica la referida reseña, que comienza exponiendo los objetivos de la «Biblioteca»: 

   «Conoce ya el público nuestro propósito de completar la labor cultural que viene realizando     la revista hispanoamericana CERVANTES, con la fundación de la Biblioteca Ariel, que     publicará obras de escritores de lengua española     
   pertenecientes a las nuevas generaciones intelectuales, y de aquellos otros de ilustre     historia que más contacto guarden con la juventud». 

Arroyo, pues, parece ser el promotor espiritual del proyecto. Añade: 

   «Este empeño nuestro ha comenzado a tener cumplida realización con un éxito que ha     superado a nuestras esperanzas. 
   Y no podía ser de otra manera, ya que como para consagrar la iniciación de nuestra     empresa habíamos tenido la fortuna de que un autor ilustre, uno de los más grandes     maestros de América, nos prestara su generoso apoyo haciéndonos el don principesco de     un original precioso». 

Arroyo considera que el libro de Urbina «puede considerarse la mejor prenda de la bondad artística y de los alcances culturales que puede obtener nuestra labor», y no duda en calificarlo de: 

   «triunfador comienzo que ha tenido nuestra Biblioteca Ariel con una obra que enriquece y     honra a la literatura hispanoamericana». 

Igualmente Arroyo anuncia los planes inmediatos de la colección: 

   «La buena fortuna con que hemos empezado nos alienta a seguir en nuestra labor     con mayor entusiasmo; y así podemos anunciar al público, para muy pronto, una     obra     sensacional, cuya sola enunciación despierta ya el mayor interés, tanto por su título: El     libro de los plagios, como por su autor, D. Luis Astrana Marín, uno de los espíritus más     inquietos, más perspicaces, más desenfadados y valientes de la crítica española     contemporánea. A esta obra seguirán otras de Ventura García Calderón, Manuel Ugarte, Roberto Levillier, Cansinos-Asséns, Ballesteros de Martos. De estos autores contamos ya     con los originales, y pronto esperamos respuesta de Gabriela Mistral, Gonzalo Zaldumbide,     Alcides Agredas, Núñez y Domínguez y otros escritores a quienes nos hemos dirigido     para el desarrollo de la Biblioteca Ariel».

En efecto, en 1920, se publicó el libro de Luis Astrana Marín, Las profanaciones literarias. El libro de los plagios [Madrid, Biblioteca Ariel, s. a., pero 1920]. En la portada interior, bajo el dibujo de Larraya que representa a un ángel que ha roto sus cadenas y sostiene un gran libro en alto [logotipo de la colección] se lee: 

   «Editada por la Revista Hispano-Americana CERVANTES». 

Las páginas publicitarias se publican también en los números de octubre, noviembre y diciembre de 1920. Además de los libros de Urbina y Astrana, se han publicado ya La sombra del maestro, novela de Eusebio de la Cueva no prevista en principio, y unas Semblanzas de América de Ventura García Calderón [Madrid, Biblioteca Ariel de la Revista Hispanoamericana Cervantes, s. a., pero 1920]. La «Biblioteca Ariel» sobrevivió a CERVANTES y los nuevos libros pertenecen a sus colaboradores. Es el caso de Retablo de Césare [sic] Arroyo [Madrid, Biblioteca Ariel, s. a., pero 1921] y de un libro de Ballesteros de Martos [1921].

Por lo demás, en «Del momento literario. Letras americanas» Arroyo da espacio a los libros que le envían sus contactos americanos: ya se trate de los ecuatorianos F. J. Fálquez Ampuero, Luis T. Paz y Miño, Gonzalo Escudero Moscoso o Alejandro Andrade Coello; Alcides Arguedas desde La Paz y Rafael Lozano desde Texas; Guillermo Jiménez desde México y Miguel A. Urquieta desde Lima. Comenta también su propia antología madrileña de Juan Montalvo: La pluma de fuego de Juan Montalvo. Sus mejores prosas (seguidas de algunos inéditos). 
Alaba el libro de Rafael Lozano, el mexicano que levanta su voz en Yanquilandia y que manifiesta su erotismo en «divagaciones en torno a los encantos innumerables de una mujer que fue». De su compatriota Gonzalo Escudero Moscoso -«poeta nuevo, casi adolescente»- destaca las dotes técnicas y de inspiración que ya deja notar. Sobre la semblanza de Zamacois hecha por Andrade, «distinguido escritor y catedrático ecuatoriano», escrita con ocasión de la visita del primero a Ecuador, dice que es «rápida, justa y hermosa». En cuanto a Raza de bronce de Agredas, Arroyo no escatima elogios: lo considera «el mayor acontecimiento literario ocurrido últimamente en la América española», destacando las características propiamente americanas del libro, en el campo sociológico y sicológico. 
También destaca el tomo dedicado a la poesía ecuatoriana en los «parnasos» de la casa Maucci, cuyas poesías fueron recolectadas en su país por él mismo pero ordenadas por José Brissa. Cf. Brissa.
Cf. Falquez Ampuero. Jiménez. Urbina. Urquieta.

En CERVANTES no se reseña ningún libro de Arroyo. Pero hay alusiones. Guillermo de Torre -en la sección de «Bibliografía» (marzo 1919)- hace dos. Al hilo de una reedición del Parnaso venezolano [Barcelona, Maucci, 1919] escribe:

   «Felicitamos a la Casa Maucci, que con la publicación de estos Parnasos, contribuye     indudablemente a difundir y popularizar el inmenso acervo de la poesía hispano-americana
   Para muy pronto se anuncia, y sabemos que ya está en prensa, El Parnaso     
   Ecuatoriano, formado por César E. Arroyo, nuestro compañero, a quien hay que     reconocerle una indudable competencia, no sólo para ésta, sino para cualquiera empresa     literaria». 

La segunda, unas páginas más adelante, se refiere a un libro de la Editorial Hispánica [Juan Montalvo: Sus mejores prosas]:

   «Uno de los primeros volúmenes que llega a nosotros de esta flamante editorial –    a la que     auguramos grandes éxitos por su excelente criterio seleccionador- es una selección     admirablemente realizada por nuestro querido compañero de Redacción el prestigioso     literarto ecuatoriano César E. Arroyo, de las prosas selectas de su eximio compatriota el     llorado Juan Montalvo».

Por ello, Torre trae a colación opiniones de Rodó y Vargas Vila en loor de Montalvo.


               «AMÉRICUS»

Cf. Américus.


Cf. Bonet (1995). 









* A[RROYO], C[ÉSAR] E., «Amado Nervo», Segunda etapa, 29, junio 1919, 124-126.

* A[RROYO], C[ÉSAR] E., «Bibliografía», Segunda etapa, 25, febrero 1919, 127-139.
José de J. Núñez y Domínguez, La Hora del Ticiano, México, Talleres de «Revista de Revistas». Prólogo de Francisco Villaespesa.

* [SIN FIRMA], «Del momento literario. Letras americanas (Libros últimamente publicados y recibidos)», Segunda etapa, 39, abril 1920, 109-127.
Luis G. Urbina, Estampas de viaje (España en los días de la guerra), [Madrid], Biblioteca Ariel, [1920].
Guillermo Jiménez, La de los ojos oblicuos (Emociones), México, Librería Española.
Miguel A. Urquieta, Linterna mágica. Caramelos. Parábolas. Cuentos, Lima, 1920.
F. J. Fálquez Ampuero, Gobelinos, Quito, 1919.
Luis T. Paz y Miño, Los aventureros, Quito, 1919. Drama premiado con medalla de oro en el concurso internacional promovido por la Sociedad de Autores de Colombia, con motivo del Centenario de la batalla de Boyacá.


* NERVO, AMADO, «De «El estanque de los lotos»», Segunda etapa, 29, junio 1919, 127-130.
»Difusión». «Enfocado hacia ti mismo,».
»Heráclito». «Mira todas las cosas curioso, embelesado;».
»La beatitud». «Una mirada plena, de observador profundo».
»Ridendo». «¿A dónde marcha el Cosmos? Hacia un fin: enterarse,».
»Libros». «Libros, urnas de ideas;».


    
* Américus [seudónimo de César E. Arroyo]. 
       Agosto-septiembre y placet

* «Notas hispanoamericanas», Segunda etapa, 18, julio 1918, 128-132. 
»Don José de Diego». «José Gálvez». «La juventud hispano-americana».

* «Notas hispano-americanas», II, 19, agosto 1918, 154-158.

* «Notas hispanoamericanas», II, 20, septiembre 1918, 149-151.

* «Notas hispanoamericanas», Segunda etapa, 21, octubre 1918, 152-156. 
»La fiesta de la raza». «Juventud hispanoamericana». «D. Roberto Levillier».

* «Notas hispanoamericanas», Segunda etapa, 23, diciembre 1918, 150-157. 
»Juventud Hispanoamericana». «Conferencia». «D. Manuel J. Calle». «El nuevo Ministro de Colombia». «Un literato y periodista mexicano».
   
* «Notas hispanoamericanas», Segunda etapa, 24, enero 1919, 95-97.
»Juventud hispanoamericana».
   
* «A través de las revistas». «América», Segunda etapa, 25, febrero 1919, 146-150. 
«Estados Unidos». «Mercurio» (Nueva Orleans, enero 1919). «América Futura» (Nueva York, enero 1919). 
«Ecuador». «Revista de la Sociedad Jurídico-Literaria» (Quito). «Boletín de la Biblioteca Nacional del Ecuador« (nos. 1, 2, 3, 4; agosto, septiembre, octubre y noviembre 1918). «Letras» (Quito, noviembre y diciembre 1918). «La Idea» (Quito, noviembre y diciembre 1918). «La Ilustración» (Guayaquil, noviembre y diciembre 1918). «Hacia la luz» (Guayaquil, diciembre 1918).
«México». «España Moderna» (diciembre 1918 y enero 1919).
«Salvador». «Actualidades» (diciembre 1918).
«Venezuela». «Cultura venezolana» (agosto 1918).
   
* «Notas hispanoamericanas», Segunda etapa, 25, febrero 1919, 154-156. 
»Diplomático fallecido». «La enseñanza del español en Norte-América». «Nuevo Cónsul».
   
* «Notas hispano-americanas», Segunda etapa, 26, marzo 1919, 158-160. 
»Monumento a Cervantes en Panamá». «Muerte de un ilustre poeta. Tres nuevos académicos mexicanos». «Estatua a un pedagogo».
   
* «Notas hispanoamericanas», Segunda etapa, 27, abril 1919, 153-155. 
»Congreso de «Boy-Scouts» y Juventudes hispanoamericanas». «Reivindicación de España en Cuba».
   
* «Notas hispanoamericanas», Segunda etapa, 29, junio 1919, 149-157. 
»Amado Nervo». «Don Manuel Ugarte en el Ateneo. El problema americano». «Don Manuel Ugarte en nuestra casa». «La verdad sobre México». ««Figuras del Romancero»». «D. Alcides Agredas». «Nuevo Secretario». «Concursos: Himno de la raza». «Monumento a un filántropo».

* «Notas hispanoamericanas», Segunda etapa, 31, agosto 1919, 157-160. 
»Homenajes a la memoria de Amado Nervo». «La música americana en Europa». «Un poeta suicida». «Literato fallecido». «Escritor mexicano». «Artista ecuatoriano».  

Comentario

Bajo el seudónimo de «Américus» se esconde el ecuatoriano César E. Arroyo. En el verano de 1918 Arroyo entra a formar parte del Comité de Redacción de CERVANTES, junto al director Andrés González-Blanco, y empieza a redactar estas notas de actualidad bajo el título de «Notas hispanoamericanas» [duran un año: de julio de 1918 a agosto de 1919]. En una ocasión (febrero 1919) realiza además el comentario de las revistas americanas recibidas. 

La sección se mantiene por encima de los cambios ocurridos en la revista en enero de 1919. Las «notas» siempre cierran el número, excepto en enero de 1919 [cierran la colaboración hispanoamericana y la separan de otros artículos sobre arte, música, etc…] y en junio de 1919 (preceden a unas notas bibliográficas de Ballesteros de Martos). Es de destacar la frecuencia de noticias relacionadas con el mundo diplomático y sobre la actividad cultural ecuatoriana: al fin y al cabo, su autor era Cónsul de la República del Ecuador en Madrid.  

Obviamente, estas «notas hispanoamericanas» fueran escritas por Arroyo en exclusiva para CERVANTES. De hecho, algunas de ellas aluden explicitamente a colaboradores de la revista, otras dan la bienvenida a literatos a los que se pone la revista a disposición y otras más aprovechan una circunstancia -muerte…- para insertar un ejemplo de la obra del escritor aludido. 

   En las notas de Américus se da cuenta de tres tipos de noticias: 

1. El fallecimiento de poetas y diplomáticos. Manuel J. Calle, «eminente literato y periodista ecuatoriano»; Francisco X. Aguirre, «ilustre diplomático ecuatoriano», fallecido «en el momento de desembarcar en Francia, cuando venía de Encargado de Negocios de su país en Madrid; Joaquín Arcadio Pagaza, «eximio poeta mexicano»; Amado Nervo, al que Arroyo dedicó una «fervorosa evocación» en una reciente sesión del Centro de Cultura Hispanoamericana; Medardo Ángel Silva, «que era de lo más brillante y prometedor de la juventud de América» y que se pegó un tiro en Guayaquil; J. Trajano Mera, «notable literato y publicista» y «uno de nuestros colaboradores ilustres». A veces, la muerte de uno de estos escritores era la excusa para publicar en ese o sucesivos números alguna colaboración de homenaje en la revista. Cf. cada autor.

2. La llegada a España de escritores, diplomáticos e intelectuales hispanoamericanos. El nuevo ministro plenipotenciario de Colombia en España, Francisco J. de Urrutia, «uno de los más sólidos prestigios políticos e internacionalistas, no sólo de su país sino de América»; Luis Andrade, «el joven y ya notable periodista y escritor» mexicano, «Director-Gerente de la Compañía Editora mexicana»; Roberto Levillier, «el notable historiador…» del que se da la noticia de que se ha embarcado a mediados de septiembre hacia España; la toma de posesión de Luis Robalino Dávila, «distinguido publicista y literato ecuatoriano» como cónsul del Ecuador en Valencia; la visita del argentino Manuel Ugarte a España, del que Américus resume el contenido de su conferencia del 8 de junio de 1919 en el Ateneo de Madrid: El problema americano. También se relatan las dos cenas de confraternización que tuvieron Ugarte y los miembros de la redacción de CERVANTES. El escritor boliviano Alcides Agredas, que pasó por Madrid de regreso de participar en la Conferencia de Paz de París «en donde actuó con una comisión de su patria». Artemio de Valle Arizpe, que toma posesión como segundo secretario de la Legación de México en España; Felipe L. Urquieta, el «notable músico peruano…, enviado musical del Perú en España e Italia»; Eusebio de al Cueva, «brillante intelectual mexicano perteneciente a la nueva generación»; o el pintor C. Aníbal Egas, que llega pensionado «por el Gobierno de la República del Ecuador,… con objeto de perfeccionar sus estudios pictóricos».

En la nota «José Gálvez» (julio 1918) se hace eco del fenómeno:

   «A propósito de la llegada de este poeta, nos es grato hacer notar que, de algún tiempo a     esta parte, viene señalándose en la elección que de sus representantes diplomáticos y     consulares en España hacen las naciones hispano-americanas, una orientación muy     simpática: la de investir con su representación, en esta patria de su espíritu, a los literatos     y hombres de letras, lo cual trae, entre otras ventajas, que no es necesario mencionar, la     de que nadie mejor capacitado que aquellas personas para darnos a conocer el movimiento     cultural de sus respectivas patrias, ensanchándose así la órbita del conocimiento mutuo,     base de toda unión y de toda confraternidad.
   Recordamos con placer que, por el momento, tenemos en España, con cargos     
   representativos, entre otras personalidades que seguramente se nos olvidarán, a Marcos     Avellaneda y a Amado Nervo (transitoriamente ausentes, pero que siguen conservando     sus cargos diplomáticos en Madrid), a Pedro Emilio Coll, a Manuel S. Pichardo y Alfonso     Hernández Catá, a Carlos Meany, a José Gálvez, a nuestro compañero César E. Arroyo».

3. Las reuniones de organizaciones hispanoamericanistas y sus proyectos, y la inauguración de monumentos a diversas personalidades. Se da cuenta de los actos de celebración de la Fiesta de la Raza de octubre de 1918, primer año en que se conmemoraba con carácter oficial en España.
Se habla de las acciones y proyectos del Comité ejecutivo de la «Acción reivindicadora de España», «benemérita institución creada recientemente en la Gran Antilla para ejercer una acción cultural reivindicadora de España y de su historia en la América española». Se da cuenta del «curso que sobre Figuras del Romancero organizó la sección de literatura del Ateneo» y del concurso convocado por la Embajada de Colombia para premiar la letra y música de un Himno de la raza «que se cantará por primera vez en la inauguración del Congreso y de la Exposición Hispanoamericana de Sevilla».

También de las actividades de la «Juventud hispanoamericana» que se constituye en Madrid en el verano de 1918 presidida por Cristóbal de Castro (julio 1918):

   «Bajo la presidencia de D. Cristóbal de Castro, e integrada por elementos representativos     de la juventud española, se ha constituído en Madrid una nueva asociación que tiene por     objeto propender a la realización del ideal hispano-americano en todas sus     
   manifestaciones, especialmente en la cultural.
   CERVANTES, que aspira a ser un órgano del pensamiento y del sentimiento, estéticamente     expresados, de las naciones de habla castellana, no puede menos de enviar a la     «Juventud Hispano-americana», que así se denomina la naciente asociación, su más     sincero y efusivo saludo, ofreciéndole al mismo tiempo estas páginas como vehículo para     la difusión de sus nobles propósitos»

La «Juventud Hispanoamericana» vuelve a reunirse en otoño bajo la presidencia de Cristóbal de Castro (octubre 1918):

   «En el Ateneo de Madrid se reunió últimamente la Juventud Hispanoamericana, bajo la     presidencia de D. Cristóbal de Castro, y asistiendo la mayoría de sus miembros». 

En esta reunión del Ateneo se aprueban diversos proyectos y se admite a César E. Arroyo como vicepresidente de la sección de Propáganda y Publicidad. En nota de diciembre de 1918, Américus da cuenta de «las últimas y más importantes resoluciones tomadas por esta asociacion»: 

   «D. César E. Arroyo, cónsul del Ecuador en Madrid, una de los directores de esta revista,     nombrado recientemente vocal de la Junta Directiva, propuso, y fue aprobado por     unanimidad, que en fecha oportuna se celebrase en esta Corte un Congreso de estudiantes     hispanoameriocanos, en el cual tuvieran representación todos los centros docentes de     España y América».

Además, se admite a nuevos miembros: Alfonso Reyes, Ghiraldo, Urbina, Hernández Catá y Andrés González-Blaco.

En enero de 1919 la asociación vuelve a reunirse en el Ateneo y procede a la elección de las Secciones que componen el Comité de trabajos y a un nuevo Consejo de Administración:  

   «La Juventud Hispanoamericana se reunió en el Ateneo con objeto de constituir el Consejo     de Administración que ha de regir dicha Sociedad y proceder a la elección de las Secciones     que componen el Comité de trabajos. El Consejo de Administración quedó constituído de la     siguiente forma: consejeros, D. Cristóbal de Castro, D. Fernando López Monís, señor     marqués de Villabrágima y señor Conde de Santa Engracia; presidente, D. Vicente Gimeno;     vicepresidentes, D. Rafael M. de Labra y D. Tomás Domínguez Arévalo; secretario general,     D. José Luis Pando Baura; vicesecretario, D. José de la Vega; tesorero, doctor Moreno     Zancudo; contador-administrador, D. Luis Ortiz de Rozas; secretario de actas, D. Leocadio Martín Ruiz, y bibliotecario, D. Juan Ignacio Luca de Tena». 

También se da cuenta de la idea de celebrar «en la primavera del año próximo» en Madrid un «Congreso de Juventudes hispanoamerianistas» y de las comisiones creadas al efecto. Y de una serie de conferencias en el «Centro de Cultura Hispanoamericana» de Manuel Rodríguez Navas «para divulgar los fines e importancia del Congreso americanista que se celebrará en Sevilla en la primavera de 1920», con resumen del contenido de su primera charla.

Se da cuenta de la elección de una escultura de Julio González Pola para monumento a Cervantes en la ciudad de Panamá, a inaugurar el 12 de octubre de ese año; de la inauguración en Montevideo de un monumento «a la memoria del insigne pedagogo uruguayo, D. Pedro José Varela»; del concurso internacional abierto por el Gobierno de Ecuador para erigir un monumento al «ilustre filántropo y jurisconsulto don Vicente León, en Lacatunga, su ciudad natal; o de la idea de levantar en Buenos Aires una estatua a Amado Nervo, recientemente fallecido y cuyo cuerpo iba a ser trasladado en un sarcófago de mármol desde Montevideo, donde falleció, hasta México. 


               BIBLIOGRAFÍA

Por lo demás, en febrero de 1919, sin dejar de publicar las notas, Américus firma un apartado de bibliografía de la sección «A través de las revistas» en el que comenta revistas de varios países de América. Se enmarca esta colaboración entre dos entregas de Héctor sobre revistas españolas y extranjeras dentro de la sección «A través de las revistas». Destacan, como era de esperar, las 6 publicaciones ecuatorianas de que se hace eco frente a sólo 2 de los Estados Unidos y 1 de México, El Salvador y Venezuela. En la introducción se reconoce que CERVANTES mantenía canje con dichas revistas, lo cual interesa para tener en cuenta la influencia del ultraísmo español en la primera vanguardia hispanomericana:

   «Han llegado a nuestra redacción, últimamente, las siguientes revistas americanas, cuyo     canje establecemos con el mayor agrado».

Se trata de revistas ecuatorianas preferentemente jóvenes: la Revista de la Sociedad Jurídico-Literaria (Quito), editada por la «Asociación cultural más respetable y prestigiosa del Ecuador»; el Boletín de la Biblioteca Nacional del Ecuador; Letras (Quito), «en la que se manifiestan las orientaciones artísticas y modernas» y quizá «la que mejor refleja la cultura y las tendencias literarias del Ecuador»; La Idea (Quito), «simpática revista» en la que «se han agrupado los novísimos de la literatura en ese país, uno de los más cultos de América». Define a esos novísimos como «adolescentes de diez y seis a veinte años, llenos de fervores y de amor al arte, deslumbrados por todo lo nuevo, iconoclastas ávidos y prometedores, como su juventud floreciente»; La Ilustración (Guayaquil), evista de lujo; y Hacia la luz (Guayaquil), «órgano de propaganda y defensa de la francmasonería y el libre pensamiento».


* José Brissa.
Español (Madrid, 1868)

* «Cuentos españoles». «Nueva vida», Segunda etapa, 25, febrero 1919, 56-63.


* ARROYO, CÉSAR E., «Del momento literario. Letras americanas (Libros últimamente publicados y recibidos) (Continuación)², Seguda etapa, 40, mayo 1920, 118-121.
[José Brissa, Parnaso ecuatoriano, Barcelona, Maucci, 1920]

Comentario

José Brissa fue poeta y escritor. Estudio las carreras de Medicina y Leyes, que abandonó para dedicarse al periodismo y a colaborar en la prensa literaria. Cultivó el género festivo en prosa y verso. «Nueva vida» (febrero 1919) es un curioso cuento fantástico en el que un doctor loco intenta hacer un trasplante de cabeza asesinando a su enfermero. La técnica y el tema recuerdan algunos memorables relatos ingleses.

Desde 1903 Brissa dirigía la Editorial Maucci de Barcelona. En ella debemos destacar su labor y su fomento de antologías de poesía hispanoamericana: los famosos «Parnasos» de la casa Maucci, entre los que se incluye un Parnaso español contemporáneo (1911. Reedición de Barcelona, 1914). El Parnaso ecuatoriano. Antología de las mejores poesías del Ecuador coleccionadas por José Brissa [Barcelona, Casa Editorial Maucci, 1920] fue compilado en origen y comentado en las páginas de CERVANTES por César E. Arroyo (mayo 1920):

   «En este asunto hablamos por experiencia, porque este Parnaso lo íbamos a hacer     nosotros; pero preferimos que lo hiciera el notable escritor don José Brissa, quien tenía     igual propósito y contaba, además, con un nombre ilustre para respaldar y prestigiar el     libro.
   Al Sr. Brissa, nuestro distinguido amigo, entregamos, pues, como se entrega una cruz,     todas las composiciones en verso que habíamos podido recoger en nuestro último viaje al     Ecuador. Estas flores poéticas, en gran parte, fueron, pues, cogidas en su propio terreno;     pero, quien las ha seleccionado y ordenado en artístico bouquet, es el notable literato,     director literario de la Casa Maucci. A él corresponde, pues, todo el honor de este libro, que     es, sin disputa, la colección más nutrida que de poesías ecuatoriales se ha publicado     hasta el día».

En todo caso, Arroyo no comprende por qué los poetas están ordenados alfabéticamente por el nombre y no por el apellido, cosa que, en efecto, desconcierta mucho en la antología, tanto como el hecho de que no haya una sóla nota informativa acerca de los poetas seleccionados. 
[Analizar un poco el Parnaso].

En esta antología se recogen un par de poemas de C. A. Arroyo del Río [pp. 59-64]: «Ave sin nido» y «La libertad». ¿Son poemas de César E. Arroyo? No lo podemos saber. 

El contenido de este parnaso, por tanto, podemos decir que se corresponde con el de los gustos de Arroyo. De hecho, nueve de los poetas seleccionados publicaron en CERVANTES: Arturo Borja, César Borja, Francisco J. Fálquez Ampuero, Humberto Fierro, J. A. Falconí Villagómez, J. Trajano Mera, Medardo Ángel Silva, Numa Pompilio Llona y Remigio Crespo Toral. Para este parnaso cfr. también: Guillermo de Torre, «Parnaso venezolano (nueva edición aumentada) (Barcelona, Maucci, 1919)», en «Bibliografía» (marzo 1919). 

Cf. Arroyo. Borja.





* «Cervantistas hispano-americanos: La obra de Juan Montalvo», Primera etapa, 1, agosto 1916, 153-193.

* «Evocación romántica», Primera etapa, 2, septiembre 1916, 188-198.

* «Ante el sepulcro de Concepción Arenal», Primera etapa, 3, octubre 1916, 142-158.

* «La evolución de Gabriel D´Annunzio por Gonzalo Zaldumbide», Primera etapa, 6, enero 1917, 94-102.
   
* «El Cristo de Velázquez», Primera etapa, 8, marzo 1917, 54-62.

* «Al margen de la epopeya. Maeterlinck en España», Primera etapa, 11, junio 1917, 63-76.

* «El caballero, la muerte y el diablo. Apunte dramático», Primera etapa, 14, septiembre 1917, 174-191. (Final: «Cónsul del Ecuador en Vigo»).
   
* «La Canción de la vida. Paso de comedia, inspirado en una poesía de Francisco Villaespesa», Segunda etapa, 15, abril 1918, 74-91.

* «Rodó y Montalvo», Segunda etapa, 16, mayo 1918, 69-72. (Final: «Ecuatoriano»). 
   
* «Don José Joaquín de Olmedo», Segunda etapa, 17, junio 1918, 1-37. (Principio: «Conferencia leída en el Ateneo de Madrid, en la noche del 25 de Mayo de 1918, por D. César E. Arroyo». Final: «N. del A.- Al dar a la estampa la anterior conferencia, cúmplenos declarar que, en este esbozo biográfico, hemos seguido, principalmente, a D. Clemente Ballén, que prologa la edición de las poesías de Olmedo, hecha en París, por la casa Garnier Hermanos; a D. Manuel Cañete, que consagra al estudio de este poeta más de la mitad de un tomo de la «Colección de escritores castellanos», y a D. Víctor M. Rendón, que tiene escrita y publicada, en francés, una acabada biografía del Cantor de Bolívar».

* «Modernos poetas mexicanos», Segunda etapa, 18, julio 1918, 62-83. (Final: «Ecuatoriano»). «Manuel Gutiérrez Nájera». «Justo Sierra». «Salvador Díaz Mirón». «Luis G. Urbina».  

   * [Américus], «Notas hispanoamericanas», Segunda etapa, 18, julio 1918, 128-132. 
   «Don José de Diego». «José Gálvez». «La juventud hispano-americana».

* «Modernos poetas mexicanos», Segunda etapa, 19, agosto 1918, 98-105. «Francisco A. de Icaza». «Jesús E. Valenzuela».

   * [Américus], «Notas hispano-americanas», Segunda etapa, 19, agosto 1918, 154-158. «El     nuevo presidente de Colombia». «Luis G. Urbina». 

* «Modernos poetas mexicanos», «Amado Nervo», Segunda etapa, 20, septiembre 1918, 45-53. 

   * [Américus], «Notas hispanoamericanas», Segunda etapa, 20, septiembre 1918, 148-151.     «Juegos florales en Madrid». «Congreso cultural hispanoamericano».

* «Modernos poetas mexicanos». «Manuel José Othón», Segunda etapa, 21, octubre 1918, 113-117.

   * [Américus], «Notas hispanoamericanas», Segunda etapa, 21, octubre 1918, 152-156. 
   «La fiesta de la raza». «Juventud hispanoamericana». «D. Roberto Levillier».
   
* «Modernos poetas mexicanos». «Efrén Rebolledo», Segunda etapa, 23, diciembre 1918, 125-132.

   * [Américus], «Notas hispanoamericanas», Segunda etapa, 23, diciembre 1918, 150-157. 
   «Juventud Hispanoamericana». «Conferencia». «D. Manuel J. Calle». «El nuevo Ministro de     Colombia». «Un literato y periodista mexicano».
   
* «Galdós ante su estatua», Segunda etapa, 24, enero 1919, 65-70. (Final: «Madrid, enero 1919»).

   * [Américus], «Notas hispanoamericanas», Segunda etapa, 24, enero 1919, 95-97.
   «Juventud hispanoamericana».
   
* A[RROYO], C[ÉSAR] E., «Bibliografía», Segunda etapa, 25, febrero 1919, 127-139.
José de J. Núñez y Domínguez, La Hora del Ticiano, México, Talleres de «Revista de Revistas». Prólogo de Francisco Villaespesa.
Luis Andrade, México en España, Madrid, Editorial Hispánica, Biblioteca de Escritores de la Raza. Prólogo de Salvador Rueda.
María Enriqueta, Jirón de mundo (novela), Madrid, Editorial América. Biblioteca Andrés Bello.
Ricardo Palma, Las mejores tradiciones peruanas, [Barcelona], Editorial Maucci.
Libros recibidos.     

   * [Américus], «A través de las revistas». «América», Segunda etapa, 25, febrero 1919,     146-150. 
   «Estados Unidos». «Mercurio» (Nueva Orleans, enero 1919). «América Futura» (Nueva     York, enero 1919). 
   «Ecuador». «Revista de la Sociedad Jurídico-Literaria» (Quito). «Boletín de la Biblioteca     Nacional del Ecuador« (nos. 1, 2, 3, 4; agosto, septiembre, octubre y noviembre 1918).     «Letras» (Quito, noviembre y diciembre 1918). «La Idea» (Quito, noviembre y diciembre     1918). «La Ilustración» (Guayaquil, noviembre y diciembre 1918). «Hacia la luz»     (Guayaquil, diciembre 1918).
   «México». «España Moderna» (diciembre 1918 y enero 1919).
   «Salvador». «Actualidades» (diciembre 1918).
   «Venezuela». «Cultura venezolana» (agosto 1918).
   
   * [Américus], «Notas hispanoamericanas», Segunda etapa, 25, febrero 1919, 154-156. 
   «Diplomático fallecido». «La enseñanza del español en Norte-América». «Nuevo Cónsul».
   
* «Modernos poetas mexicanos». «José Juan Tablada», Segunda etapa, 26, marzo 1919, 89-94.

   * [Américus], «Notas hispano-americanas», Segunda etapa, 26, marzo 1919, 158-160. 
   «Monumento a Cervantes en Panamá». «Muerte de un ilustre poeta. Tres nuevos     académicos mexicanos». «Estatua a un pedagogo».
   
* «Manuel Ugarte en Madrid», Segunda etapa, 27, abril 1919, 104-115. (Final: «Madrid, abril de 1919»).
    
* A[RROYO], C[ÉSAR] E., «Bibliografía», Segunda etapa, 27, abril 1919, 148-152.
Fiesta de la Raza organizada por el Ateneo de La Laguna.
A. de la Helguera, El contador argentino, Barcelona, Editorial Araluce.
Casals, Formulario de higiene, Edc. Henrich.
Joaquín Plá Cargol, Elementos de historia natural,Gerona, Carles & Ca., 1918. Edición Dalmau.
Eugenio García Barbarín, Historia general de la Edad Moderna, [Barcelona], Edición Dalmau, 1918.
José Dalmau Carles, España, mi patria, [Barcelona], Edición Dalmau.
J. Plá Cargol, Otras lecciones de cosas, [Barcelona], Edición Dalmau. Segunda edición.
José Gálvez, El conflicto entre Perú y Chile (1879-1919), Editorial Barcelonesa.

   * [Américus], «Notas hispanoamericanas», Segunda etapa, 27, abril 1919, 153-155. 
   «Congreso de «Boy-Scouts» y Juventudes hispanoamericanas». «Reivindicación de     España en Cuba».

*«Romancero del pueblo ecuatoriano. Conferencia leída por César E. Arroyo, en el Ateneo de Madrid, en el curso Figuras del Romancero», Segunda etapa, 28, mayo 1919, 1-20. (Final: «Continuará»).  
   
* «Romancero del pueblo ecuatoriano. Conferencia leída por César E. Arroyo, en el Ateneo de Madrid, en el curso Figuras del Romancero (conclusión)», Segunda etapa, 29, junio 1919, 1-15. (Nota a pie: «Véase el número anterior de CERVANTES»).
    
* A[RROYO], C[ÉSAR] E., «Amado Nervo», Segunda etapa, 29, junio 1919, 124-126.

   * [Américus], «Notas hispanoamericanas», Segunda etapa, 29, junio 1919, 149-157. 
   «Amado Nervo». «Don Manuel Ugarte en el Ateneo. El problema americano». «Don Manuel     Ugarte en nuestra casa». «La verdad sobre México». ««Figuras del Romancero»». «D. Alcides     Agredas». «Nuevo Secretario». «Concursos: Himno de la raza». «Monumento a un filántropo».

* «Modernos poetas mexicanos». «Rubén M. Campos», Segunda etapa, 30, julio 1919, 84-88.

* «La nueva poesía en América. La evolución de un gran poeta», Segunda etapa, 31, agosto 1919, 103-113.  

   * [Américus], «Notas hispanoamericanas», Segunda etapa, 31, agosto 1919, 157-160. 
   «Homenajes a la memoria de Amado Nervo». «La música americana en Europa». «Un poeta     suicida». «Literato fallecido». «Escritor mexicano». «Artista ecuatoriano».  
   
* «Figuras hispanoamericanas». «Juan Montalvo», Segunda etapa, 32, septiembre 1919, 119-124. (Principio: «Prólogo del libro Narraciones, de Juan Montalvo, que acaba de publicar, con gran éxito, la Biblioteca de Divulgación Literaria»).
   
* «España y América. El próximo Congreso de Juventudes Hispano-americanas», Segunda etapa, 34, noviembre 1919, 121-127.
   
* «Modernos poetas mexicanos». «Enrique González Martínez», Segunda etapa, 36, enero 1920, 86-96.
   
* «En la muerte del Maestro. Galdós en América», Segunda etapa, 37, febrero 1920, 72-92.
   
* «Cuentos hispanoamericanos». «Bajo el ópalo cómplice…», Segunda etapa, 38, marzo 1920, 76-78. (Final: «Ecuatoriano»).
   
* [SIN FIRMA], «Del momento literario. Letras americanas (Libros últimamente publicados y recibidos)», Segunda etapa, 39, abril 1920, 109-127.
Luis G. Urbina, Estampas de viaje (España en los días de la guerra), [Madrid], Biblioteca Ariel, [1920].
Guillermo Jiménez, La de los ojos oblicuos (Emociones), México, Librería Española.
Miguel A. Urquieta, Linterna mágica. Caramelos. Parábolas. Cuentos, Lima, 1920.
F. J. Fálquez Ampuero, Gobelinos, Quito, 1919.
Luis T. Paz y Miño, Los aventureros, Quito, 1919. Drama premiado con medalla de oro en el concurso internacional promovido por la Sociedad de Autores de Colombia, con motivo del Centenario de la batalla de Boyacá.
   
* «Impresiones de España». «En El Escorial», Segunda etapa, 40, mayo 1920, 80-84. (Final: «Ecuatoriano»).  
   
* «Del momento literario. Letras americanas (Libros últimamente publicados y recibidos) (Continuación)², Seguda etapa, 40, mayo 1920, 117-124.
[Juan Montalvo], La pluma de fuego de Juan Montalvo. Sus mejores prosas (seguidas de algunos inéditos), Madrid, V. H. Sanz Calleja, Editores e Impresores.  
[José Brissa, Parnaso ecuatoriano, Barcelona, Maucci, 1920]
Rafael Lozano, El libro del cabello de oro, de los ojos celestes y de las manos blancas, El Paso, Texas, E. U. de A.,1920.
Gonzalo Escudero Moscoso, Poemas de Arte, Quito, 1919.
Alejandro Andrade Coello, Eduardo Zamacois. Semblanza a vuela pluma, Quito, 1919.
Alcides Arguedas, Raza de bronce (novela), La Paz, Bolivia, 1919.
    
* «La cultura en el Ecuador», Segunda etapa, 42, julio 1920, 49-60.

* «In memoriam. Mariano de Cavia», Segunda etapa, 43, agosto 1920, 81-88. 
   
* «Epílogo de un novelista célebre (En el cuarto aniversario de la muerte de Felipe Trigo)», Segunda etapa, 44, septiembre 1920, 98-113.

* «Modernos poetas mexicanos». «Lázaro P. Feel», Segunda etapa, 46, noviembre 1920, 75-81.
    
* «Cuentistas americanos». «La canción de moda», Segunda etapa, 47, diciembre 1920, 85-96. (Final: «Ecuatoriano»).


* T[ORRE], G[UILLERMO] DE, «Bibliografía», Segunda etapa, 26, marzo 1919, 149-150.
[Juan Montalvo], Juan Montalvo. Sus mejores prosas, Editorial Hispánica, 1919.

* NERVO, AMADO, «De «El estanque de los lotos»», Segunda etapa, 29, junio 1919, 127-130.
»Difusión». «Enfocado hacia ti mismo,».
»Heráclito». «Mira todas las cosas curioso, embelesado;».
»La beatitud». «Una mirada plena, de observador profundo».
»Ridendo». «¿A dónde marcha el Cosmos? Hacia un fin: enterarse,».
»Libros». «Libros, urnas de ideas;».

* RIVAS PANEDAS, J., «Anales literarios». «Protesto en nombre de ULTRA», Segunda etapa, 32, septiembre 1919, 142-148. (Final: «Lo dio al papel –18-9-1919»). 









a de un escritor escasamente conocido pero fundamental para la revista, ya que colabora en todas sus etapas, desde el primero al último número.












































Estimado Sr [agosto 1998]: 

He buscado en la red su libro La rueda del tiempo. Mexicanos en España [1996] y lo he encontrado disponible en España, de modo que lo he pedido. Supongo que me llegará un día de estos. La página de la red es www.puvill.com y tienen bastantes libros mexicanos. 

También he localizado en la Universidad Complutense de Madrid su tesis sobre Presencia de México y de los intelectuales mexicanos en España, 1914-1936 que intentaré consultar en algún viaje a Madrid que no tengo previsto.

Por mi parte el pasado junio leí en la Universidad de Granada mi tesis doctoral titulada «Entre el modernismo y la vanguardia: la revista Cervantes [1916-1920]». El tribunal estuvo presidido por José-Carlos Mainer.

Le mando un cordial saludo a través del Atlántico.