Augusto Guallart Martínez (Oviedo, 1902-Nueva York, 1971) fue director de la revista ovetense Vltra. Hoja quincenal de literatura (noviembre 1919-1920). En 1921, Tzara lo incluyó entre los «présidents Dada». Fue piloto y posteriormenete se hizo practicante. Cansinos Assens lo vio en Madrid antes del 18 de julio, porque había ido a Madrid a comprar un esqueleto que necesitaba para examinarse de Anatomía. Le corría mucha prisa y preguntaba alegremente por los cafés hasta que un tal Parapar le prometió encontrarle uno.
En enero de 1938 fue condenado a pena de muerte en Oviedo, pena que se le conmutó por cuatro años de prisión.
– «Prosas juveniles», (32) septiembre 1919, 85-92. Final: «Oviedo, 1919». «No pudo ser», «Palabra…», «La esfinge», «Las vinagreras», «Profanación», «No sé qué es peor», «Habrá una vez».
– «Anales literarios». «Oviedo literario», (33) octubre 1919, 136-144. Final: «Octubre, 1919».
– «Anales literarios». «Oviedo literario», (34) noviembre 1919, 58-83. Final: «Octubre, 1919».
Las «prosas juveniles» llaman la atención por su carácter fragmentario. En «No pudo ser» trata irónicamente el tema del amor poético con una distancia «vanguardista»:
Decididamente, soy muy desgraciado, jamás se me ha muerto una novia.
Yo hubiera escrito en su memoria un bonito poema.
Pues estoy seguro de que mi corazón habría llorado muy poéticamente si se hubiera muerto una novia mía.
Ahora ya es tarde; eso es lo peor.
Hubo un tiempo en que yo indudablemente poseía ciertas ideas muy bonitas y muy sentimentales, íntimamente relacionadas con una novia mía que había de morir (…)
«Había una vez…» es una fábula irónica en torno a los poetas y la bohemia:
Había una vez un poeta que tenía una capa negra y una chalina negra y un negro sombrero de alas anchas.
Y aquel poeta dedicaba su tiempo a escribir versos, ya decir mal de los burgueses y del vulgo.
Pero ocurrió una noche, que hubo incendio en su casa y quedó en calzoncillos y sin otra cosa que ponerse encima, situación desairada hasta para un poeta.
Y al día siguiente, al verse en un espejo con un infame terno verde y una corbata roja, que un mortal poeta, que era vecino suyo y comerciante, le prestara, se encontró tan parecido a las personas, que no volvió a decir mal del vulgo ni hacer versos.
En «Era verdad» la ironía no logra superponerse al sentimentalismo y no pasa de un cinismo acomodaticio:
Nos amábamos locamente; cien y cien veces nos juramos que nada nos separaría, ni la muerte.
Y cuando la vida se opuso a nuestro amor, no supimos ser héroes y nos separamos.
Ahora, a mí solo me queda el recuerdo de aquello, y a ella… ¿Quién sabe?… Quizá ni eso.
Y, sin embargo, nos amábamos mucho. Y juramos verdad.
En la doble entrega de su «acuarela» de la vida literaria ovetense, pintada en octubre de 1919, Guallart se lamenta del retraso de una sociedad que no ha pasado de Campoamor:
En Oviedo, por lo general, no se conocen las orientaciones modernas de la literatura. Verlaine es algo que se sabe que ha sido, y la sobras completas de Campoamor son una revelación (…).
En Oviedo, para la inmensa mayoría de los que leen, sean literatos o no, cuanto en poesía se ha escrito a partir de Salvador Rueda, esmodernismo, terrible palabra en la que se compendian, calificadas de absurdas, disparatadas y extravagantes, si no imbéciles, cuantas escuelas y tendencias nuevas han tenido vida desde entonces.
El centro de la vida artística ovetense es el Café Español, refugio de una bohemia provinciana, «honrada» y «sentimental». Por supuesto, «El Ultraísmo no se conoce ni en el Café Español». Los poetas no han pasado de un posmodernismo sentimental. de entre ellos, Guallart destaca a dos: Gamoneda y Rosales. De Antonio Gamoneda, «un Verlaine bueno y un místico del alma», publica dos poemas: «!Qué nunca Dios me quite esta locura!» y «La última copa de Rubén». De Rosales, «un poeta joven, ingenuo, lleno de sinecridad en sus versos…», «El payaso», el soneto «A… ella», «Guerra», «Quisiera» y «Florisel». Gamoneda es un posmodernista en la línea de «el Verlaine de Sagesse» y rosales es más romántico. Los poemas de Gamoneda pertenecen a Otra más alta vida (1919).